Ante el sótano de mi pesar despierto,
y con toda mi furia
arriesgo mi primera voluntad.
Ante las puertas de la percepción autónoma
crezco,
como un ánimo sin despertarse
camino;
porque los ojos de mi pasión se han abierto grandes y ojerosos…
No soy la única que siempre está,
y pienso,
que la realidad es luz asombrada,
y que los cantos se muestran desequilibrados,
ante la justicia divina;
inmóviles ante su propia quietud.
Y, sin embargo,
corren todos hacia la misma puerta entre cadenas,
como gatos, que , enjaulados cierran
una presión interior…
Aún así,
creo que la felicidad es cierta;
certeros líquidos de una ciudad en melancolías,
ya pronto, pisadas,
y siento, que las bruces ante el camino huelen,
celestial blanco de risas tienen,
y ante la mirada de Dios,
atienden…