Y no cambiarán. La vida de estos seres discurre por los cauces espurios de la existencia, donde medran al amparo de la ignorancia de las masas. Las mismas multitudes que sustentan la mala fe de los de siempre, su egoísmo, la insolidaridad y el desamor.
Pese a que Europa, o mejor dicho una parte importante de nuestro continente, se resiste a la solidaridad con los países sureños de su entorno afectados por el COVID-19, no estamos solos.
Lo evidencian algunos discursos parlamentarios, las redes sociales y ciertas emisoras de radio. En los bares y restaurantes no, porque no se puede. El caso es masticar la carroña política para alimentar a los buitres...