YONQUI

 

 

YONQUI

 

 

Adicto como el yonqui en euforia de anhelo
te chutas tu ración: opulencia, dislate,
patrañas de rufián versando un disparate,
sedujiste a un escote de rimas con anzuelo.

 

 

Ignoras la cautela, tu ardor es el señuelo
del decir a la estancia en sórdido combate,
ni el glauco de mi iris te sirve de rescate.
Me importunan tus ripios si se tornan libelo.

 

 

A pesar del insulto, te llaman mis caderas,
impúdicas colinas, cubil de mi pasión,
mas tú sólo persigues tu ímpetu tirano.

 

 

Las carnes se me hienden, desmoronan barreras
para ser el remedo – dama de tu adicción –
de insustancial antojo, maniquí de escribano.