A – Z

A de amor, desde luego. B de bueno

y C de corazón acostumbrado

a llorar desde siempre. D de dado,

F de flor y P de lo que peno.

 

R de rabia, a veces. T de trueno,

S de soñador desengañado.

U de último y V de varado

(¿o será, acaso, V de veneno?).

 

En el primer cajón pongo destino

y guardo la ternura en el siguiente

(¿D de dado o de dolor diario?).

 

El fichero está en orden. Ya termino.

Y al fondo, en su lugar correspondiente,

queda archivada el alma en el armario.