VICENTE RAMOS HABLA DE GABRIEL MIRÓ
Gabriel Miró, según Vicente Ramos, ilustre escritor alicantino y su mejor biógrafo, sintetiza en su carácter lo que es nuestra provincia, ya que en su espacio vital y anímico confluyen la ciudad barroca, religiosa, tradicional, que es Orihuela, donde nació su madre, con la ciudad industrial, técnica, progresista, Alcoy, donde vino a la vida su padre.
Nace Gabriel Miró, no obstante, en Alicante, una ciudad sobre todo marinera, de cielos azules y de sol resplandeciente. Como todos sabemos y Vicente Ramos nos recuerda, Alicante era, durante la vida de Gabriel Miró, un horizonte limpio, abierto, sin límites, que empuja espiritualmente hacia nuevos ámbitos estéticos, hacia el Mediterráneo. El mar es la puerta que le abre el alma hacia la cultura clásica, hacia un origen griego y latino.
Comienza sus estudios Gabriel Miró en el Colegio de Santo Domingo de Orihuela. Disciplina rígida, religiosidad exaltada, es lo que caracteriza su aprendizaje escolar. Pero dicha atmósfera de rigor es atenuada por el amor vivido en su familia, sobre todo por el afecto materno. Es así como experimenta Gabriel Miró una fe cristiana hecha de amor y de piedad, que, años después, se expresaría en “Figuras de la Pasión de Nuestro Señor“. Dicha obra fue escrita para su madre, y así se lo dice en la dedicatoria: “A mi madre, que me ha contado muchas veces la Pasión del Señor “.
Nos habla Vicente Ramos de la formación filosófica, estética y literaria de Gabriel Miró. Le influye mucho Kant, con la noción del imperativo categórico, que ha de llevar al ser humano siempre al cumplimiento del deber y al bien. El hombre no es bueno cuando nace, sólo la educación en el amor y en la compasión lo hacen bondadoso.
No tuvo Gabriel Miró demasiados amigos, según Vicente Ramos. Su carácter era el de un hombre introvertido, sereno, contemplativo, serio. Pero se conoce su afinidad con Óscar Esplá, con Francisco Figueras Pacheco, con los que se reunían en la Zapatería de los hermanos Senabre. Seguramente le atraía más la contemplación del mar, el paseo por el campo, la charla con la gente sencilla de Polop, de La Nucía, de Parcent… Era Sigüenza, personaje vivo de sus escritos, un trasunto de su personalidad íntima…
Los criterios estéticos de Gabriel Miró son los de la Pintura, aprendidos en la Academia de su tío Lorenzo Casanova. Le emociona el color azul en todos los matices, al ser el color del cielo de Alicante.
Su devoción filosófica es la de los pensadores grecolatinos, sobre todo de los estoicos: Séneca, Marco Aurelio… Se apasiona en la lectura de los poetas de nuestro Siglo de Oro: Góngora, Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz…
Ama Gabriel Miró la Naturaleza desde muy niño. La Naturaleza es la creación de Dios. El hombre que ama las flores, los árboles, los animales, es mejor; es una criatura más bella. Dios ha creado la vida y la sigue cuidando cada día, y el hombre debe amar y respetar lo que existe si quiere ser feliz. Todo en la narrativa poética de Gabriel Miró nos habla de unión con la Naturaleza: olores, colores, sabores, palabras, tiempo.
Le pedimos a Vicente Ramos que nos dijera qué era la muerte para Gabriel Miró. Y nos respondió que Gabriel Miró nunca creyó en la realidad de la muerte, pensaba que si los hombres se amaran de verdad podría vencerla y consolidarse la vida desde el amor.
Toda la belleza de los pueblos alicantinos está en la prosa lírica y bella que llena la narrativa mironiana. Desde Guadalest a Ifach, desde el Maigmó hasta la ciudad de Alicante, todo es brillo, rumor de olas, claridad y transparencia en todos y en cada uno de los textos del mejor paisajista de nuestra tierra. Un hombre avanzado para su época, un hombre profundamente religioso, un ecologista, un poeta: Gabriel Miró Ferrer, del que nos ha hablado, desde el conocimiento profundo de su vida y su obra, otro gran escritor de Alicante, como es Vicente Ramos.
Mati Bautista