Esta es la historia de una señorita de ojos rasgados hacia arriba, con conchas en los cachetes, alrededor de los mismos. Boca de mujer presumida, cabellos floridos. Siempre está sentada encima de la mesita, junto a las butacas, no habla, incluso le quitan el cabello cada cuatro días y ni lo siente, no sé si es que está acostumbrada, o está atendiendo otra cosa, que por eso ni le duele. Siempre está mirando el televisor, ¿le gustará la televisión?
Un día jugando con la pelota de mi prima, nos sucedió algo terrible. La pelota cayó encima de la señorita y esta fue a dar al suelo. Estaba rota, sus cacheticos eran vidrios, su pelo se destrozó, sus ojos eran ya puntas de un cristal. Entonces se me ocurrió una idea, llamé a mi prima y le dije:
– Vamos a hacer lo siguiente, ¿Tienes goma de pegar?
– Sí – me respondió
– Bueno todo listo, tú arreglarás conmigo su cara y luego le pondremos el cabello.
Todo quedó como lo planeamos y la familia se puso feliz, sobre todo mi bisabuela, porque la señora de quien les hablo, es el búcaro de su casa.
(a los 9 años)