
(Ilustración del pintor cubano Rafael Paneca)
I
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí, mirando con cara de pimiento que no puede ser cosechado por su picante sabor a odio, como esperando al fin de los tiempos y penetrando en su asombro de aparente inocencia.
II
Soñando como se podrían llenar los Zoológicos de gigantescas criaturas, con solo dominar un minuto del pasado, y en los beneficios que en centavos, peros y millones de unidades, le proporcionarían a su avaricia de condición humana. Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí, esperando el momento en que lo dejasen descansar tranquilo en sus incómodos sedimentos del jurásico.