Única estrella
Única estrella
Fulgura en el silencio
De noches blancas
Nubarrón en las ciudades
De inmensos mares sin luna
Mi estrella fulgura
Habla las palabras de mi alma
En un cielo abierto
De par en par.
De Bouiller de «Amoribundo» (planetharia 2005)
Los rostros de un poema
La contención de una luna dormida
El espejismo del fulgor innato
Los agujeros de mi rostro cansado
La inquietante razón del dolor.
El manifiesto sentido de los sentidos
La perpleja comunión de las estrellas
Lo irresoluto de los caminos aparentes
La necesaria voluntad eterna.
El insondable misterio de los ojos
El presagio de las luces verdaderas
La insaciable atrocidad de los abismos
Lo tormentoso del sueño y del recuerdo.
La insipiente profundidad del mar
El inconmovible movimiento del alma
Los espejos que en los vivos relumbran
El estacionario rincón donde el mundo nace.
Publicado en la antología «Los rostros de un poema» de editorial Dunken y Posterior en «Amoribundo» (planetharia 2005)
Hermano silencio
Estoy hermanado con el silencio. Pero no es un silencio derrotado.
No es un silencio de grandes pinzas arrancándome la voz. No es como la marea trepando agazapada sobre la espalda de la tierra, mientras mi garganta estaqueada de pies y de manos la ve crecer hambrienta; la ve devorar las inconclusas huellas de palabras inquietas. Las mandíbulas vienen y van como las olas y ella ve. Como cuando el diente dibuja en la piel un grito de agujeros desgarrados.
Te aseguro que no es un silencio lejano de venas como serpientes disecadas que siempre te miran.
No es acaso el vacío en los ojos de ese silencio perforador que a veces frecuenta las noches, eso es mas ruidoso que el zumbido que destila la ciudad cuando muere. Yo se de las sombras insensatas que sigilosas imitan al silencio y arrasan con las ingenuas voces que se creen viento.
Pero he conocido al silencio-hermano. El que no es mudo sino que ha aprendido a escuchar. Y en su inefable don de saberse nada dice las palabras mas bellas, en la brisa del alba en mis ojos que ahora ven, en la lluvia de ensueños que moja mi alma, en los vientos que dibujan las manos de Dios.
Cada día más mi cuerpo es la evanescencia del mundo. Muta mi naturaleza humana a silencio.
Porque he conocido al silencio-sabio. Y las voces de mi voz han muerto en la arrogancia de algún pensamiento, en el fondo del mar.
De Bouiller de «Amoribundo» (planetharia 2005)