LOS INMIGRANTES SON SERES HUMANOS

Europa debe abrir sus puertas a los inmigrantes y darles trabajo, no limosnas para comer. No son delincuentes. Y si no lo son, por lo tanto los medios disuasorios empleados no son los adecuados, la política europea no es la adecuada, en vez de gastarse millones en Iraq, deberín llevarles el trabajo y la paz a su lugar de origen. ¿Dónde quedan los Derechos del Hombre? No se puede permitir esto de ninguna manera: son de nuestra misma especie. Todos somos inmigrantes o emigrantes. Mañana podemos ser nosotros. De nada sirven ejércitos apostados en las fronteras con armas letales, fusiles y bombas contra personas hambrientas, heridas, laceradas, humilladas… La política de contención está mal llevada. Al problema no se le ha visto, o no se le ha querido ver el punto de vista adecuado, valiente, decisivo, inteligente. Subir vallas no sirve de nada. Las vallas no dan de comer.

Es necesario hacer una reflexión seria y humanitaria, sin palabrería de adorno de tribunas o estrados parlamentarios o televisivos, sin palabrejas políticas que no dicen nada concreto. Me refiero al asalto de las vallas de la frontera de Ceuta de Melilla, y de esa sangría de ahogados en el Estrecho de Gibraltar, un estrecho en aguas internacionales, no sólo de España y Marruecos, sino del Mundo.

¿Se pueden cerrar las puertas al hambre? Un inmigrante no es un delincuente, a lo sumo, cuando salta la valla, ha cometido una falta administrativa y no se le puede matar ni se le puede devolver a su país de origen donde morirá, sino que hay que darle asilo y ayudarle sin medida. Europa no quiere mirar la raíz verdadera del problema de nuestros vecinos, que,sin ideas, empiezan por no hacer una política de ayuda eficaz a estos países. Nadie recuerda que los españoles tuvimos que emigrar después de la guerra civil, porque nos moríamos de hambre franquista, lamíamos las peidras y nos fumábamos las cáscaras de las patatas, como portugueses o italianos.

Hay que hacer política real y reflexiva y, sobre todo humana más que humanitaria, no de contención, sino de admisión y reinserción en el mundo de los que comemos tres o cuatro platos diarios y encima estamos sometidos a dietas de adelgazamiento por estética, o porque se nos notas los michelines. Esto es vergonzoso, inhumano, deningrante, no corresponde al ser humano sino a la bestias, es para romperse los dientes con un hacha. Si todos los hombres somos libres, desde que se erradicó la «esclavitud», tenemos derechos a movernos por el mundo entero, porque el mundo es nuestra casa, nuestro domicilio en el Universo. Y sobre todo cuando necesitamos mano de obra.

Primero hay que preguntarse por qué llegan tantas avalanchas de inmigrantes a nuestras fronteras, a nuestros «paraíso», cuando Europa es una cuna de oro en medio de un corral de asnos. Seres humanos harapientos para nuestra vergüenza de ser humano y de la especie humana, y que se dejan la piel, las uñas, los ojos, las entrañas en las cuchillas de las alambras de las trincheras/fronteras como materia devoradora de hombres, porque sepan ustedes que esos rollos de alambras de acero se construyen con miles de cuchillas que cortan como la de afeitar. Son las mismas que se emplean en las trincheras, en la guerra, sobre las cenizas de la tierra.

Los inmigrantes vienen porque en sus países de origen se mueren de hambre, están en guerras, no hay más que dictadores, genocidio, persecuciones y palos, muchos palos. No vienen de turismo. No vienen a quedarse. Estas personas de color son seres humanos que sienten, piensas y tienen sueños de superación o ambiciones como los nuestros. Pero nosotros pasamos olímpicamente de ellos en el Telediario de las tres de estos «rollitos informativos», porque la piedra ya aprendió a latir. Cuando las manchas de sangre se secan en las alambras, en las carreteras, después nadie sabe si es de un blanco, de un negro o de un amarillo, la sangre tiene el mismo color rojo para todos, los sentimientos tienen las misas pasiones, y un hijo, un padre o un hermano duele tanto como cuando nosotros perdemos a uno de los nuestro.

A los inmigrantes que asaltan nuestras atractivas fronteras de miel y leche no les importa perder la vida porque no tienen vida, no tienen nada que perder y sí mucho que ganar. ¿Qué sucede con las fronteras blindadas de Europa o con las fronteras del mundo?, de quiénes nos protejen, de los débiles hambrientos, de esas masas de hombres, mujeres y niños que suplican nuestro pan, nuestra agua, un trabajo.

Hace ya algunos meses que empiezo a oir eufemismos: inmigrantes irregulares por el de ilegales, ya dije que no había personas ilegales, sino indocumentados, no existen las personas ilegales, lo de usar irregular tampoco es aceptable, irregular en geometría significa que no se somete a las formas regulares, en las personas, significa que no se ajustan a las reglas regulares de las leyes de un país, del método burocrático de control de fronteras. Y es que estas personas no se pueden ajustar a las reglas porque no hay reglas para ellos porque tampoco hay esperanzas. Cuando no hay esperanzas tampoco no existen reglas que acatar.

Europa y los europeos, nos hemos vuelto insensibles, insolidarios, egoístas y lo peor de todo inhumanos. Cuando el problema tiene la solución más viable y lógica, la de invertir, no unos cuantos euros, sino millones en educación, sanidad, proyectos de UNICEF a larga distancia, no en la Luna, sino aquí mismo, al Sur o al Este de nuestro continente. Política de economía sostenible en los países de origen. Bien a través de las ONGE’S independientes o institucionalizadas. La Cruz Roja internacional. El Vaticano que tanto predica y recoje. Porque el ciudadano, el emigrante no tiene la culpa de la mala política de su país, y sólo le queda huir por el desierto de la sin razón, llorar y dejarse la piel de hombre en las cuchillas de las alambradas.