Aunque la temporada teatral no se corresponde con el año natural, viene siendo costumbre mirar hacia atrás en filo del 31 de diciembre de cada año para dar un vistazo, aunque sea superficial, a lo ocurrido en los escenarios, y cerca de ellos, en los últimos doce meses.
Articulo
UN LEVE VISTAZO AL PANORAMA TEATRAL DE MADRID AL FINALIZAR EL AÑO 2005
Aunque la temporada teatral no se corresponde con el año natural, viene siendo costumbre mirar hacia atrás en filo del 31 de diciembre de cada año para dar un vistazo, aunque sea superficial, a lo ocurrido en los escenarios, y cerca de ellos, en los últimos doce meses.
No es fácil retener en la memoria todo lo que se ha viso (lo que uno ha visto, claro) y debería acudir el fichero en el que, de forma sucinta, anota las impresiones de cada función. Pero tampoco es cuestión de aburrir el lector con una nómina de títulos y nombres.
Por eso entresaco, confiando en la memoria, lo que recuerdo como más relevante. Lo relevante no implica, necesariamente, excelente calidad, pero si al menos que no pasó desapercibido. Y el recurso a la memoria está justificado porque, como el teatro debe ser emoción, lo que emociona queda, aunque también quede lo que aburre, cansa (que de todo hay en la viña) o lo que a uno le resultó incompresible.
Decir que no se está satisfecho de cómo se desarrolla la vida teatral es casi una obligación. Tenemos las gentes de teatro cierta fama de “llorones”, y ya lo comenté en un articulo breve publicado en una revista teatral: Cuando en tertulias y encuentros, más o menos informales (y en los formales también), nos juntamos las gentes de teatro -escribí- perece norma, casi de “obligado cumplimiento”, el lamentarse.
Se comienza hablando de las vanguardias, por ejemplo, y se termina sollozando sobre el sistema de subvenciones, la crisis del Teatro, la poca atención que las instituciones nos prestan…
Quizá un trabajo tan efímero (la función ocurre en un momento determinado) y tan dependiente de decenas de circunstancias: empresario, sala, contrataciones, público, crítica, promoción… cree un espíritu de inseguridad que se enjuga, aunque parezca contradictorio, con el llanto. Tampoco debe uno medir la vida del teatro en España solamente por lo que ocurre en Madrid, si bien puede ser un índice ya que, junto con Barcelona, es la ciudad que más funciones genera en el año.
Aniversario de El Quijote En 2005 hubo numerosas funciones dedicadas al Quijote: teatro de texto, danza, infantil… a veces hasta la saturación, pero algo comprensible si se tiene en cuenta que las ayudas oficiales que se daban con motivo de la celebración del 400 aniversario de la publicación de la obra cervantina eran un estímulo.
Cuando hay abundancia pues… ya se sabe: hay de todo, funciones más que plausibles y otras que se veían como puro “trámite administrativo”. A uno lo que le gustaría es que la afición al clásico cervantino no pasara con el año y que sirviera para “descubrir” que don Miguel, además de “El Quitote”, escribió teatro; un teatro que no conseguía representar frente al poderío de los textos de Lope de Vega. Curioso ¿no?
Bueno pues pasados cuatrocientos años no cambaron las cosas mucho: tenemos algunos autores “instalados” que escriben, dirigen, imparten cursos, dan conferencias, viajan al extranjero… ¡madre mía -exclamo yo-qué capacidad de trabajo! y otros que no los conocen ni su casa; claro que a lo mejor dentro de otros cuatrocientos años…
El Festival de Otoño y los empresarios El Festival de Otoño, organizado por la Comunidad de Madrid, acaparó fechas y salas. Con abundancia de autores extranjeros y casi ausencia de españoles contemporáneos, ofreció espectáculos de calidad pero enfadó (sigue enfadando) a los empresarios privados ya que ven en este festival, que se celebra al comienzo de la temporada, una competencia desleal. Ellos sugieren que se llame “Festival de Madrid” y se cambie de fecha, pero el gobierno autonómico no cede.
Sin duda los responsables del Festival ven en esta celebración algo que deja importantes réditos… aunque ignoro si se piensan en réditos artísticos o políticos, esa es la verdad.
Los “Lope de Vega” en el Teatro Español El Teatro Español (dependiente del Ayuntamiento de Madrid) dirigido actualmente por Mario Gas, parece que va reaccionado ante las muchas críticas que ha recibido por no estrenar las obras que se galardonan con el premio “Lope de Vega” que concede, precisamente, el Ayuntamiento.
El problema viene de cuando lo dirigía Gustavo Pérez Puig quien, con criterios más comerciales que de promoción de nuevos (o no tan nuevos) autores españoles, prefería llenar la sala con buenos resultados económicos antes que correr riegos. Algo comprensible y aceptable cuando se maneja dinero privado pero no cuando la producción corre a cargo de las arcas públicas. Mario Gas ha decidido llevar a escena algunos de estos premios.
En estos días se está estrenado Armengol, del extremeño Miguel Murillo: En esta obra se nos cuenta la historia de un hombre y de un grupo de jóvenes que vivieron la aventura de la Olimpiada de los Pueblos Libres del Mundo, en la Barcelona de 1936, una olimpiada que pretendía denunciar la que se celebraba en la Alemania de Hitler, pero que no se pudo llevar acabo por la sublevación de Franco y el comenzó de la Guerra Civil en España.
Es -dice el autor- un homenaje a todos los hombres y mujeres que son capaces de poner en marcha un sueño y es, también, una historia de amor en medio de una tormenta de odios.
Los intérpretes de un musical no cobran También hubo, al filo del fin de año, un conflicto laboral en el Teatro Apolo donde se representaba el musical Maribel y la extraña familia inspirado en el texto de Miguel Mihura. La empresa productora, “Maribel: El Musical” y “Mundo Ficción”, (ajena a las paredes del Apolo) dio en quiebra. Ante la imposibilidad de hacer frente a las deudas, suspendió las funciones y dejó en la calle a más de setenta personas adeudándoles aproximadamente 170.000 euros.
Los integrantes del cuadro artístico y técnico se encerraron en el teatro, se manifestaron ante el Ministerio de Cultura, y ahora recurren a los tribunales en demanda de sus derechos. En el apartado “Colaboradores” de la Web de la productora aparecen, junto a otras entidades privadas, dos oficiales: el Ministerio de Cultura y Comunidad de Madrid.
Esperamos que, como su colaboración habrá sido económica, vía subvenciones, se interesen en averiguar cómo se ha administrado el dinero que, obviamente, no es suyo, sino de los contribuyentes.
Dos estrenos estimulantes: Los niños perdidos y Papel de mujer Ajenas -¡menos mal!- a las consabidas funciones navideñas, para toda la familia, como rezan en las nota de promoción, hay una obra en cartel y otra a punto de llegar que sin duda merecen verse. Me atrevo a hacer esta afirmación a priori por conocer a las autoras: Laila Ripoll e Ítziar Pascual, y saber de su poética teatral, de su inquietud por los problemas sociales, su calidad en la escritura y su capacidad de emocionar al respetable.
Se trata de Los niños perdidos, de Laila Ripoll, en el Teatro Maria Guerrero; y de Papel de mujer, de Ítziar Pascual, que el día 28 de diciembre se estrena en el Teatro Galileo, reciñen remozada su sala e instalaciones. En primera, Los niños perdidos, de Laila Ripoll, nos encontramos con unos niños que, tras la Guerra Civil española, malviven en un orfelinato. Niños huérfanos porque sus padres estaban en la cárcel o porque habían sido fusilados por los rebeldes encabezados por el dictador Franco.
La acotación que nos sitúa en la escena es más que sugerente: "El desván de un orfanato. Una ventana abuhardillada y una puerta. Un armario de luna de tres cuerpos, desvencijado, lleno de polvo y telarañas. Somieres oxidados, un sillón de dentista roto, un carrito de madera, imágenes de santos a las que les falta un ojo o alguna mano, un biombo de enfermería con la tela rasgada, un crucificado sin cruz…
De vez en cuando entra por la ventana alguna paloma y, de noche, los murciélagos…" En la obra se habla sobre un episodio negro en nuestra historia más reciente: la de los niños muertos o desaparecidos en cárceles, trenes o albergues religiosos y del Auxilio Social. Tres niños (Lázaro, Marqués y Cucachica) escondidos en el desván del orfanato reciben la visita de una inquietante monja ciega.
Entre momentos de ternura, de humor, de tragedia y de esperpento, donde lo tierno se mezcla con lo grotesco, la vida con la muerte y el terror con la comedia, los cuatro personajes irán desenmarañando la siniestra madeja que rodea a los desaparecidos y a los olvidados de la España franquista.
Itziar Pascual, en su Papel de mujer, (título que abarca “Nana” y “Despedida”) trata sobre los retos que la sociedad contemporánea plantea a la mujer, (la maternidad, el cuidado de los padres, etc.) el conseguir ser felices sin arrastrar culpas por la opción que decidan tomar. La obra -explica la directora de la función, Pepa Sarsa- nos hace reflexionar sobre los diferentes roles arquetípicos que juega la mujer en nuestra sociedad: madre, hija, hermana, esposa… y que con frecuencia se funden en una misma persona.
Cómo nos enfrentamos a nuestro destino de mujeres, cómo cambiarlo sin sentirnos culpables, en definitiva, cómo aprender a ser mujeres sanas y felices son preguntas que se plantean en el texto que proponemos.
Debate en la Asamblea de Madrid El Grupo Parlamentario Socialista de la Asamblea de Madrid organizó las Jornadas Parlamentarias de Cultura: “El Teatro en Madrid”: La reunión tuvo lugar el día 2 de noviembre en el Salón de Actos de la Asamblea de Madrid.
Fueron inauguradas por el Portavoz del Grupo Socialista en la Asamblea de Madrid, Rafael Simancas, y a continuación tuvo lugar la mesa redonda coordinada por Mari Paz Ballesteros, actriz; con la participación de Joaquín Vida, director de escena; Miguel Torres, de la Sala alternativa Lagrada; Enrique Cornejo, empresario teatral; José Monleón, ensayista, crítico y director teatral; y Manuel Tejada, actor. A continuación se abrió un coloquio con los asistentes.
El Teatro se encuentra en un mal momento desde todos los puntos de vista, -dijo el empresario Enrique Cornejo- fundamentalmente desde el profesional y el artístico. Ha aumentado la cuantía global de ayudas que se destina al sector, pero al mismo tiempo ha aumentado muy sustancialmente el número de beneficiarios de esas ayudas: muchos más reciben, pero todos reciben mucho menos.
Teniendo en cuenta que los costes laborales y por otros conceptos se han disparado en los últimos años, el resultado de esta “inexplicable” estrategia de apoyo administrativo es que, al disponer de menos dinero para invertir, el espectáculo obligatoriamente debe bajar de calidad.
José Monleón, fundador de la revista “Primer Acto”, y del Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo dijo, entre otras cosas, “ignoro hasta qué punto la Administración Española ha asumido que la Cultura es fundamental para la vida ciudadana, además de constituir una fuente de riqueza. A menudo, los políticos piensan que “hablando de cultura hacen cultura”, pero hablar de cultura no es hacer cultura. Si el político no tiene cultura o no entiende de cultura, difícilmente podrá hacer cultura”.
Manuel Tejada, actor, irónicamente comentó: Los actores hemos pasado de hacer dos funciones durante siete días a la semana a sufrir veinticinco días de paro al mes. Esa paradójica situación se entrecruza con una exigencia administrativa difícil de cumplir en esas condiciones: si una compañía recibe una subvención a la producción, sin la que resulta casi imposible afrontar los gastos que genera el montaje de un espectáculo, es obligada a realizar un mínimo de 15 representaciones.
El requisito se convierte en poco menos que una hazaña en la actualidad. La descoordinación entre locales de exhibición, compañías y coordinadores de cultura es completa. Sería imprescindible solventar esa situación.
Algunas de las llamadas “salas alternativas” siguen teniendo problemas de legalidad. De ella se ocupó en sus comentarios Miguel Torres de la Sala Lagrada: Es imprescindible establecer un marco de regulación legal para estas salas, que facilitaría su supervivencia y al mismo tiempo implantaría unas condiciones de salubridad y calidad, así como otras exigencias que redundarían en beneficio de su funcionamiento, del público y del Teatro en general.
Otra necesidad, urgente para estos locales de exhibición, sería una regulación económica de las ayudas que perciben, para garantizar su continuidad en el difícil panorama teatral.
El director Joaquín Vida tampoco anduvo con paños calientes. El intrusismo profesional -dijo- y la falta de calidad ahogan nuestra profesión. De la primera y lamentable realidad surge la segunda; ambas, a su vez, han generado una tercera: la falta de público e interés de la ciudadanía por el Teatro. Sin espectadores, elemento imprescindible en nuestro oficio, sin ojos que contemplen aquello que creamos para ser contemplado, el Teatro morirá.
Nuestra profesión, de hecho, ha sido abocada a emprender una peligrosa ruta, un declive que, de no ponerle urgentemente remedio, la asfixiará. Otra de las dificultades que atraviesa el Teatro, en esta ocasión la profesión local, el teatro madrileño, es la absoluta falta de interés por parte de su gobierno regional. La descentralización del Estado ha perjudicado a Madrid y a los madrileños, especialmente a los creadores que aquí viven: madrileños de nacimiento o no, madrileños en la práctica.
Nuestro gobierno autonómico, más que ayudarnos nos relega, lo que equivale a que, en la práctica, nos castiga.
