¡FUERA ESE MAL HUMOR!, pero

("Si cerraras los ojos para siempre, ¿cuál sería la última cosa que desearías ver?" – Autor Anónimo). Dice Fray José-Gabriel Francés OFM (MICFASIS – 25-05-2007): "No sé dónde leí una página que me gustó y de la cual saqué copia. Su título era {{"RAZONES PARA DEJAR EL MAL HU

Tribuna cultural

("Si cerraras los ojos para siempre, ¿cuál sería la última cosa que desearías ver?" – Autor Anónimo).

Dice Fray José-Gabriel Francés OFM (MICFASIS – 25-05-2007): "No sé dónde leí una página que me gustó y de la cual saqué copia. Su título era "RAZONES PARA DEJAR EL MAL HUMOR", gustosamente la ofrezco hoy a los lectores":

"El mal humor distorsiona el estómago, dificulta la circulación sanguínea y acelera el ritmo del corazón: arruga el espíritu y el rostro; envilece el alma; nos curva hacia la vejez prematura y nos satura de pesimismo desolado. Nos arranca la alegría de vivir y de convivir. Ahuyenta la paz y fastidia a los que están a nuestro lado. Predispone a riñas y peleas. Hace que afloren los tallos de la injusticia. Los exabruptos del mal humor tienen que sufrirlos y pagarlos siempre los más débiles.

Destroza la confianza en ti mismo y en los demás. Perturba la paz hogareña y crispa la convivencia social. Puede ser causa de violentas discusiones y graves accidentes al conducir un vehículo por la ciudad. Hace perder el gusto por la vida. Nos intoxica por dentro y por fuera…".

"Ese montón de razones -afirma Fray Francés OFM- se prestan para nuestra reflexión. Por lo menos espero que con alguna de esas razones estés de acuerdo. Pues deja el mal humor y cambia la cara… Vamos a hacer AMABLE LA VIRTUD…, y LLEVADERO EL COTIDIANO VIVIR".

Mi Comentario:

"Aleluya. Considero todas cosas como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a él. Aleluya". San Pablo – Carta a los Filipenses 3, 8-9.

Al decir, "Por lo menos espero que con alguna de estas razones estés de acuerdo", Fray Francés es muy honesto en dejar abierta la puerta para otro tipo de enfoque respecto del mismo tema. Enfoque que, por cierto, no invalida, sino que busca -respetuosamente- COMPLEMENTAR al expuesto por el citado religioso. Enfoque "complementario" que me atrevo a expresar, personalmente, de la siguiente manera:

Entiendo que la cuestión bajo análisis es tan delicado como para requerir una cuidadosa "relativización" acerca de sus posibles "efectos"; de hecho, muchos de los cuales revisten la gravedad conferida bajo la mirada de Fray Francés: una mirada donde, el "mal humor", sólo acarrea perjuicios…

Pues bien, si resulta verdadero -al menos lo he podido comprobar siempre en mi vida- el apotegma popular de que: "Dios no permite males sino para mayores bienes", trataremos de recuperar una óptica POSITIVA del "mal humor"; so pena de pensar que, todo "enojo", resulta siempre fatal, permanente, enfermizo o crónico, y, de hecho, da lugar a (algunas de) las inexorables consecuencias que, por cierto, y en muchas casos verificables, describe con gran certeza nuestro querido Fray…

En esta nueva tesitura se trata, prima facie, y antes de juzgar los (mencionados) "efectos" del "mal humor", de indagar (algunas de) las CAUSAS que podrían motivarlo; pero dando "espacio (lugar)-tiempo (ocasión)" a algunos efectos positivos del mismo tanto para quien lo experimenta en propio ánimo -porque, por ejemplo, ofrecido a Dios en grado de cruz, es un mérito que, con alegría, nos religa al Señor con su sacrificio redentor- o por quien lo sufre de otro -el que puede, también, comprendida SU CAUSA y comprendido, aunque sin justificarlo si sus valores así lo aconsejaran, al ofensor, ofrecerlo con paciencia a Dios, en grado de cruz y sacrificio reparador por los pecados u errores personales o comunitarios-.

Remarcando, por cierto, la importancia del "tiempo" (oportunidad) en que dicho "estado de ánimo" se manifiesta y/o perdura, a fin de prever sus consecuencias… Y también a la "forma" concreta en que se manifiesta.

Un dolor estomacal -producto de disfunciones orgánicas- puede provocar un estado temporario o permanente de "mal humor": pero no es lo mismo dicho enojo involuntario causado por una indisposición psicofísica, a raíz de desarreglos festivos de un fin de semana "pasado de madre" -al decir de mi amigo, el español-, que por un cáncer de estómago, de cuya existencia puede una persona haber acabado de enterarse: ejemplos extremales que nos posibilitan comprender la necesidad de afrontar el asunto del "mal humor" con cierto estímulo favorable o grado de "relativización", enfocando (antes bien) su problemática en la CAUSA que origina dicho "malestar espiritual, enojo o mal humor", más que en sus "efectos indeseables" (aunque dignos y necesarios de estudiar y profundizar más que seriamente)…

Pero se trata de prevenir, antes que curar.

O de consolar y enseñar, antes que denunciar y sentenciar…

Entonces, como NADA es absoluto, excepto DIOS (ya que hasta los que no creen sospechan del Misterio), podemos reflexionar sobre el concepto de "mal humor" a la luz de la "relatividad" que su presencia amerita en la personalidad humana, haciendo hincapié más bien, en sus ORIGENES Y TEMPORALIDAD (situcionalidad o espacio-tiempo relativo) (sin desmedro de evaluar -como aceptáramos sin dudas- sus "efectos no deseados negativos o secundarios", y que Fray José-Gabriel Francés enunciara precedentemente).

Con certeza, podemos afirmar que, por distintas CAUSAS, todos hemos experimentado alguna vez el estado de "mal humor".

Lo importante es que éste no se transforme -por las dichas CAUSAS que lo gestan- en algo permanente o crónico, pues eso significaría que la persona afectada no posee capacidad ni de misericordia, ni de autocrítica y/o ni de reconciliación con Dios (si es cree en Él) y/o ni con el prójimo (al cual está obligado a reconocer en su dignidad de persona) ya objeto o sujeto del enojo bajo análisis o "mal humor".

Los Cristianos tenemos -a DIOS gracias- el parámetro evangélico para cotejar y evaluar cada uno de nuestros actos: en efecto, el Evangelio, por fortuna de la Providencia (Mt. 6, 25-34; Lc. 12, 22-31), es la purísima expresión del Mandamiento del Amor (Jn. 13, 34-35; Jn. 15, 12-16; Lc 10, 25-28; Mt 22, 34-40, Mc.

12, 28-31) con que el Invisible nos Ama, y desea que nosotros, hijos suyos y hermanos en Humanidad, nos amemos: pero en dicho Amor, no en cualquier manifestación sentimental así apodada (ya que el Mundo confunde generalmente "querer" con "amar": uno, verbo posesivo; el otro, verbo sacrificial, de ofrendarse. Suelo afirmar por eso que, el Amor, es la estatura del dolor: esto es, dime cuánto estás dispuesto a sufrir por algo o por alguien, y te diré cuánto Amor le tienes.

Y por algo Cristo dijo: "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos" – Jn 10, 11).

Y, si hubiera desvíos compartamentales -de pensamiento, palabra, obra u omisión-, podemos acudir a los remedios sacramentales y pragmáticos que, la Iglesia -Maestra en Humanidad- nos recomienda y demanda, precisamente, a fin de materializar el ejercicio del verdadero acto de Amor -es decir, como sinónimo de ofrenda de nuestros ideales y trabajos, para hacer feliz al otro, de quien nos hacemos prójimo -Lc. 10, 29-37- y a quien aseguramos "amar".

Reconciliarse con el hermano al que se ofendió a CAUSA de una "falla eventual de carácter" que implica (ó) el acto de "mal humor", y su oportuna y contrita confesión sacerdotal y pública (pues cuando pecamos contra Dios, lo hacemos al mismo tiempo contra la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo – San Agustín), resulta remedio infalible e impostergable para reparar lo que se ha roto (consciente o inconscientemente; ya por error, ignorancia o falta de ilustración en alguna materia opinable).