El diseño como asignatura formativa en el perfil de los estudiantes de las escuelas de artes plásticas

Entrevista

El diseño es una manifestación de la creatividad. Es un proceso intelectual con el cual nos creamos “cosas” capaces de transmitir un mensaje, una idea, un propósito, utilizando para ello un medio representación gráfico u objetual; muy deudor del dibujo y de la pintura, y con una fuerte presencia del grabado de los finales del siglo XIX y principios del XX, en cuanto al Diseño Gráfico.

El diseño es así. Es una mezcla de todo. Es su esencia originaria. De aquí que tenga tanto en común con otras expresiones o manifestaciones, bien de la ciencia como la arquitectura o la ingeniería, o bien del arte.

Al decir de John Christopher Jones “el diseño como disciplina educativa que conjuga las artes y las ciencias va quizás más allá que ambas” . [1] El diseño es un ente transformante, es un arma cotidiana y como tal, es la muestra de nuestro accionar dialéctico y del resultado paulatino de nuestros aciertos y errores.

Desde este punto de vista, el diseño es por derecho una de las asignaturas rectoras del proceso docente educativo de la enseñanza de las artes plásticas; llegando a ser extensiva al resto de las especializaciones que incluyen las artes visuales. Su multifuncionalidad es un recurso evidente y prácticamente utilizable en todo su espectro dentro del entorno docente.

La relación formativa del diseño dentro del perfil artístico-educativo de los niveles de enseñanza de las artes plásticas permite que su aplicación se lleve al diseño escenográfico, el vestuario, la gráfica, lo interactivo y el audiovisual, la tipografía, el diseño ambiental y espacial, lo tridimensional desde lo escultórico o lo arquitectónico, la perspectiva y lo compositivo, e incluso, al diseño de proyectos artísticos.

Dicho de otra manera: con la reintroducción de la asignatura diseño básico en las Academias de arte plásticas del país, se abre un perfil hacia el estudio axiológico y teleológico del diseño, de apoyo a las especializaciones académicas, las que conservan en su esencia formal todos aquellos principios básicos que el diseño desarrolla. Por otra parte, permite ampliar el perfil de las especializaciones al permitir incluir el diseño gráfico y el escenográfico dentro de las asignaturas de especialidad.

El diseño ha sido considerado un “tabú” para muchos que aún no lo comprenden en su totalidad. Aún teniendo para cada caso funciones muy específicas, guarda siempre la relación formal y conceptual de otro fin estético: el arte (catalogado para muchos como la esencia sublime del estudio de “lo bello” y la cultura).

Tal vez, debido a que el diseño no estaba definido como lo está ahora, en su momento Alexander Baumgarten no lo consideró también como una expresión de cualificación de la cultura, creando un precedente y dejando al diseño —para muchos aún hoy en día— como una rama cuasi-ambigua en su relación con el arte y la artesanía. Lo mismo ocurre si se quiere con la arquitectura, que para muchos estudiosos es considerada un arte (me incluyo) y para otros una carrera técnica.

El siglo XX puede considerarse el siglo del máximo desarrollo del diseño, en todas sus manifestaciones y hacia todas las manifestaciones. El pasado siglo quedó marcado por la publicidad y el auge de los medios masivos de comunicación, convirtiéndose el diseño sin dudas, en una de las manifestaciones que más le aportó al desarrollo socio-cultural y económico de los últimos cien años, lo que pudiera servir para calificar al siglo XX como “el Siglo del Diseño Gráfico”.

Como mismo es importante para un estudiante o un profesional de las artes visuales, el conocimiento y dominio de los elementos del diseño (en cuanto a forma, comunicación, conceptualización del contenido) le son necesarios. Por tal razón, debemos ver al diseño como una asignatura incluyente en el marco de las artes visuales y específicamente, las plásticas. Debemos saber buscar los aportes en cuanto a niveles comunicativos y de solución del objeto, recurso tan abordado ya en las artes plásticas contemporáneas.

Cada vez son más comunes los proyectos donde se incluyen los recursos gráficos como elemento socializador del arte, lo que sitúa al diseño si se quiere, como el eslabón intermedio en hacer llegar todo ese placer reflexivo, sociológico y cultural que nos brinda el arte —sin descartar al arte contemporáneo— a la sociedad, valiéndose de los recursos que el diseño, como agente comunicador más socializado, nos permite.

Tales resultados nos permiten evaluar el sinnúmero de potencialidades que nos ofrece la inclusión del diseño dentro de la enseñanza de las artes plásticas. No sólo el mero hecho de que el estudiante domine los elementos del sistema estructura-forma, la percepción, el color y los recursos tipográficos: no.

Se debe buscar una potenciación hacia los niveles comunicativos y semióticos de la imagen, hacia el estudio de los recursos axiológicos, teleológicos, ontológicos, dialécticos, epistemológicos y sociales del diseño; a la incorporación de las aplicaciones interactivas que nos brinda las nuevas tecnologías —pero sin olvidar las relaciones que deben existir entre las funciones comunicativa, educativa, estética y funcional. [2]

Pero el diseño también aporta creatividad. El mismo hecho en sí es un acto de creación total, lo cual nos obliga a ser cada día más originales y menos repetitivos en nuestros trabajos. Tanto el arte como el diseño necesitan provocar una impresión y un poder de atracción en el público consumidor, por lo que no descansarán en utilizar cuantos recursos reflexivos, fascinantes y subliminales encuentren.

El diseño no es sólo un medio de expresión: es un hecho intelectual. Esa vieja idea de que el diseño es un medio y no un fin, no debe ser una postura contemporánea. Si asumimos tales posturas restrictivas corremos el riesgo de excluir las capacidades creativas e investigativas que su propia esencia recogen.

Ver al diseño como el simple hecho de “hacer algo por encargo”, siempre pendiente de una idea pre-dirigida, como el proceso final de realización de un producto o una comunicación, subvalorando o no considerando que el diseño es también una actividad científica —un proceso de planteamiento, análisis, solución y valoración del problema—, es tener una idea muy desacertada y lejana de la realidad.

El hecho diseñístico es multifactorial y en él están presentes muchos aspectos o facetas del trabajo intelectual, como lo están también en el arte.

Al estar dirigidos a públicos específicos implica un fuerte estudio psicológico y sociológico; al tener relación con el proceso de distribución y consumo de los bienes, precisa de un conocimiento de las causas que lo condicionan y de su finalidad; debido a su fuerte impacto expresivo y comunicativo necesita del estudio de los elementos estéticos-formales, del lenguaje y de la semiótica.

Estas razones consolidan la importancia que tiene la inclusión, como asignatura formativa dentro de las carreras de artes plásticas, del taller de diseño básico. Con el diseño el proceso creativo crece, se perfecciona y se diversifica, en la búsqueda de mayores referencias representativas, en la búsqueda de producir soluciones visuales cada vez más originales.

Saber dibujar, pintar, esculpir o grabar ya no son garantías totales de ser mejores artistas. Aún se piensa que la originalidad y la creatividad son sólo necesidades para provocar soluciones. Cada día más se necesita de incorporar nuevas y mayores herramientas a nuestro proceso de creación, que nos permitan encontrar una solución acorde a cada uno de nuestros problemas. Esto implica un cambio en nuestra forma de pensar buscando la relación entre todas las disciplinas afines, que tributen de una mejor manera.

Debemos olvidar esas posiciones de distanciamiento entre diseño y arte, buscando cada vez más un proceso dinámico, orgánico y natural de interrelación.