POESÍA

Si alguien me preguntara qué es poesía, no sabría cómo ni qué responderle. De sentirme muy comprometido podría improvisar cualquier afirmación basada tal vez en motivos sentimentales o vaya usted a saber. Sin embargo, he transitado por los espacios emotivos horas y días en constante persecución de la imagen reveladora. Solo la imagen, después coloreada con los adecuados tonos sensitivos y musicalizada con la cadencia y el ritmo de la palabra mágica, último eslabón pasional.

No sé qué es poesía, pero a veces la siento como si me comportara a modo de niño revoltoso mimando a las palomas; o tal vez sea que la ancianidad se acuna en el capullo de seda conchal del alma peregrina, hilando fantasías.

En cierta ocasión la curiosidad me llevó hasta el umbral de la definición, donde el diccionario sepulta las dudas: “Manifestación de la belleza o del sentimiento estético…”.

Términos escogidos que tantas veces me han salvado del error gramatical, aquel día se me antojaron vocablos de fría erudición. Definir la poesía con palabras es un desacierto, una congelación anímica. Yo me elevo en el mismo vuelo de las mariposas, y al trino del ruiseñor le llamo música; y si en la cumbre del monte atisbo el primer destello del albor, allí mismo me sumerjo en la calma marina, donde el colorido del arrecife despierta de su letargo a la madrépora. Porque la mar y el monte, el valle y el almendro no son palabras divisoras, sino emergentes sensaciones interrelacionadas o fundidas en un mismo sentimiento. ¿Acaso la emoción no está al servicio del alma? ¿Acaso el alma no es el vehículo expansivo de las sensaciones?

Tú, prohombre de las Letras, ¿no gozas, ríes y lloras cuando escribes? Y tú también, arriero o mulero andaluz, ¿no haces poesía cuando hablas con la yegua recién parida? Incluso el cuchillo asesino puede poetizar la muerte, darle lustre y elevarla hasta las cotas más altas de la sensibilidad, cuando el llanto aureola la mácula del sufrimiento.

En el poema están Dios, los diablillos del aire a modo de elfos; la bucólica lira, la unión de fusas y corcheas; la sinalefa, la consonancia y hasta la galana rosa esparciendo aromas celestiales; pero no la definición, porque poesía es la palabra mágica cuyo significado se traduce en el corazón.

¡Cuántas veces he sentido el influjo poético!; pero nunca el trallazo de la palabra asesina, ni el oscuro cumulonimbo urdiendo tormentas anímicas para asesinar la estrofa. En el discurso poético no interviene la oscura dimensión del miedo. ¡Jamás la luz roja prohibirá el paso al corazón latiendo compases de amor! El beso, no lo olvidemos, es el jardín donde crecen los rosales, y el verso la rúbrica de Dios.