NOCHE

Llovía.
Un relámpago me despertó, de repente
así, como un silencio apagado.
Me levanté,
y casi sin esperar me encontró la lluvia
casi desnuda.
Una pausa rota
a sombras dormida irrumpió en mi paso
con las ventanas alrededor
de un cuarto casi deshabitado
Es mi espacio.
Y con las puertas entrecerradas
gemí tu nombre,
como una llave escondida
toqué tus manos, que de tan suaves
multiplican tus dones de beatitud.
Y mis márgenes,
cerrados entre tus brazos
cantan una canción de alegría inmensa
entre el poder de la noche
y nuestra soledad…