Si me murmurases al oído
con tu aliento de brisa leve,
si le dijeras a mi corazón dormido
las caricias que oír, él quiere,
engendraría un torbellino
de olas implacables,
olas implacables como la muerte,
olas insaciables como la lluvia,
almidonadas olas impregnadas
con la espuma feroz de la esperma,
con la espuma feroz de la sangre.
Como un fugaz relámpago
en medio de la noche,
rugiría con furia,
rugiría con voz de trueno enardecido,
rugiría con sus fálicos fauces melancólicos,
y se arrodillaría ante tu belleza
para ofrecer sus letanías:
a esta maravillosa vida
y a esta infinita tierra.
©1996, Ernesto Con «El Poeta de la Periferia». De «Letanía de una tarde de invierno».