“Eres mujer y eres blanca, por eso no puedes hacer bien tu trabajo”. Con esta agresiva frase Julieta, de 28 años, fue ‘machacada’ durante múltiples reuniones de trabajo por su jefa, una mujer de raza negra y proveniente de un país africano. Y el episodio, aunque pueda parecer inverosímil, ocurrió en Bogotá.
“Ella tenía una presencia física muy fuerte. Era racista y muy despectiva con las mujeres blancas”, cuenta Julieta, que soportó este trato durante seis meses. “Alguna vez le oí decirle a otra chica: ‘Como eres mujer, no das para más’ ”.
Este es, según especialistas, el perfil típico del llamado síndrome de la abeja reina, un término acuñado en 1970 tras un estudio de la Universidad de Michigan, en EE. UU, que identificó cómo el movimiento feminista se reflejaba en el ámbito laboral.
Las mujeres que actúan de forma agresiva con sus congéneres, coartan sus ascensos en organizaciones y abusan del poder que ostentan encajan en este perfil.
Aunque suena ilógico que una mujer no sea solidaria con otra, se trata de un fenómeno que parece ir en aumento, a juzgar por algunas estadísticas disponibles.
Por ejemplo, en el 2007, la organización Employment Law Alliance llevó a cabo una encuesta entre 1.000 trabajadoras estadounidenses y uno de los resultados más reveladores mostró que el 45 por ciento de las participantes habían sido intimidadas en la oficina; el 40 por ciento de esos abusadores, eran mujeres.
En el 2010, el Workplace Bullying Institute, un organismo que supervisa abusos en el trabajo, señaló que las maltratadoras dirigían sus acciones hostiles a otras mujeres en el 80 por ciento de los casos.
¿Qué las hace así?
Para la psicóloga y profesora de la Universidad del Rosario Alejandra Ortiz Valencia, el tema tiene que ver con la interpretación de la mujer en el poder.
“Todavía nos parece extraño ver a mujeres en altos cargos –sostiene Ortiz–. Cuando los hombres asumen un puesto de poder no hay ningún cuestionamiento; con las mujeres se tiene la expectativa de que sean buenas, nobles y dulces, porque hemos estado asociadas a ese tipo de valores”.
La experta añade que cuando una mujer está en un escenario en el que no es común verla, hay una sobreexigencia. “Tienen que destacarse mucho más y defender el proceso que las llevó a estar donde están, porque de lo contrario van a ser cuestionadas”, dice Ortiz.
Por su parte, Javier Gómez, magíster en psicología y supervisor de prácticas en psicología organizacional de la U. de La Sabana, explica que este fenómeno no es tan común; sin embargo, cuando se presenta se asocia a factores de violencia de género.“Las mujeres deben desarrollar conductas que les permitan sobrevivir en un mundo machista”, dice.El especialista añade que también pueden haber factores familiares. “Según algunos estudios –dice Gómez– cuando un papá quiere un niño, pero tiene una niña y la cría como un hombre, puede influir en que sea más competitiva que cooperativa”.
Igualmente, hay teorías que explican que una mujer puede llegar a actuar de forma agresiva porque este comportamiento le trae algunos beneficios, por ejemplo, puede resultar atractivo para el sexo opuesto.
Sin embargo, es muy difícil trabajar en un ambiente tan hostil. Julieta renunció el día en que su jefa la hizo llorar. “Tenía que entregar unas películas que nos habían prestado, pero no alcancé –cuenta–. Me llamó histérica, me insultó, me trató mal y me dijo que como profesional y mujer me faltaba mucho”.
Sepa cómo identificarlas
Aunque especialistas insisten en que este es un fenómeno que no se puede generalizar y que tampoco se debería reforzar el estereotipo de que las mujeres se hacen la vida imposible entre ellas cuando trabajan, hay ciertas características que ayuda a definir a una ‘abeja reina’.
Javier Gómez explica que “son mujeres que pueden buscar que otra cometa un error en el trabajo; por ejemplo, le dan la hora y dirección erradas de una reunión. También son muy perspicaces; piensan que puede crearse un ‘complot’ en su contra y tienen una especie de síndrome de persecución”. Gómez enumera también que suelen fijarse en el físico de otras mujeres y criticar el vestuario y las actuaciones de sus subalternas.
SERGIO CAMACHO IANNINI
Redacción Vida de Hoy