LA ROSA

Toda una eternidad, la aurora hermosa,
la tierra en torno al sol, la primavera,
para que a nuestra luz, Chito, naciera
esta pequeña flor menesterosa.


¡Toda una eternidad para una rosa!
Tan profundo misterio y larga espera,
para que un día su hermosura fuera
fuego para una vida silenciosa.


Toda una eternidad para el deseo
en sus pétalos fúlgidos y rojos
que ocultan la pasión del gineceo…


Toda una eternidad de amor y celo,
y sólo para el goce de mis ojos
y no ver ella nunca el azul del cielo.