Estado del África Ecuatorial, Congo, 19 de julio de 2003.
A: Revista
DE: Corresponsal Eustaquio Pérez Salsipuedes
Sentada en la tierra rojiza, adosada por su espalda a las piedras de un muro añejo estampado de luchas y grafitos, mira fijo… Sujeta fuerte contra su pecho esa hija rubia, como temiendo que sea arrebatada. De zapatillas rotas, medias caídas y rodillas raspadas, deja surcar su rostro azabache por lágrimas agrias, que van a dar a la blusa algo chorreada. Las trenzas negras sujetan una gruesa cabellera, mientras algunos pelos ensortijados escapan ondulantes.
Unos ojos saltones, muy redondos y vidriosos, miran sin ver, el desfile de los Cascos Azules. Vuela el polvo cargado de sangre seca y orina y un vaho pútrido se diluye en la atmósfera de la calle, al paso de las tropas.
Las moscas hacen giros incansables alrededor de Iñambique, pero ella no las ve, ni las siente. Su pequeño estómago tampoco siente apetito. Esa función ya no existe para ella. No se sabe cuánto tiempo ha pasado ahí. Fue ayer, anteayer, hace tres días…
Sigue con la misma mirada perdida de cuando la encontraron. Ahora, llena de tubos, cables y con un respirador corre en una camilla, siempre aferrada a su rubia criatura.
Iñambique ya no llora, tiembla. El pánico recorre su cuerpo y sube hasta sus ojos negros. Aprieta más a su rubia, por la que tanto imploró… Fue por lástima del hombre blanco que no está más sola aún.
Los médicos son optimistas, dicen que no tiene ningún tipo de enfermedad, sólo padece de desnutrición y deshidratación. En cuanto al corazón… no importa …
Apoyado por UNICEF, el hospital buscará alguna familia para ella, antes de que las autoridades dispongan su internación en el abarrotado orfanato de Saint Germain. Así, entre los blancos crecerá con mente sana. Nada de revolución, de cacerías o enfrentamientos bélicos. A sus cinco años ya puede trabajar como empleada de sus padres adoptivos.
-¡Al diablo con el informe de guerra!… Éste es sólo uno de los miles de niños que escapan a la muerte física, porque de la del alma, mente y espíritu, no es posible huir.
El exterminio brutal de su familia, amigos y pertenencias a manos de otras tribus tribales es absoluto. Todo al margen del canibalismo, que también alterna.