IMPULSO
Salté al mar desde el barco del tormento
en busca de guarida en tierra estable,
me despedí de azotes por sustento
con rumbo al malecón inexpugnable.
Libada en tu tornado virulento,
herida en maremágnum implacable,
no pude articular ningún lamento;
fui óbito de error inevitable.
Jirones de ternezas por las rocas
en el suplicio del postrer impulso:
el abrazo a la vida por mi muerte.
Partir sin fe ni senectud inerte
por la utopía de un amor convulso;
fugaz beso de agua en nuestras bocas.