Encuentro espiritual

Tengo flores para ti, madre,


y para los Angeles de la Guarda.


Ahora sube el alma de mi padre,


dale cobijo en tu morada.


 


¿Recuerdas, madre, aquellos momentos


que en tu corazón había llagas?


No tengas presente ningún sentimiento


sino el amor de tu voz callada.


 


¿Recuerdas el amor de las flores calladas


que por tu corazón paseaba?


Era el amor de unas flores amadas


que mi padre con ternura te entregaba.


 


¿Recuerdas aquellas miradas al cielo


en las tranquilas noches estrelladas?


Paseabais con la protección del cielo,


juntos, unidos, en silencio,


con el amor de vuestras almas.


 


¿Y recuerdas las sonrisas y llantos


con vuestras nostálgicas baladas?


Eran bellos, dulces cantos,


que hacían felices vuestras veladas.


 


Allá donde llega mi memoria


en una vida muy larga,


recuerdo la bella historia


de una familia muy enamorada.


 


Y allá donde llega el misterio


de las situaciones duras, amargas,


quedan atrás, en el imperio


del perdón, de la comprensión, de las noches largas.


 


Te guardo unas flores, madre,


a ti y a los Angeles de la Guarda.


Enciende, por favor, la llama de mi padre


en su noche más larga.


 


Gracias por tu amor, madre.