Dos poemas de Bella Clara Ventura

SOLLOZO DE PATRIA


Sigo sollozando patria


mientras la mirada


acuesta el lamento


entre la rendija


de tantos dolores.


Ese niño


ya sin nombre,


masacrado a manos de sicarios


por un precio


que Dios condena.


Los hombres


nos hacemos trizas


pensando


que la vida se extravía


en un suspiro.


Los asesinos


matan con sevicia


por el placer de la sangre


y por un cobro que aumenta


con el afán de los padres.


No importa si el cadáver


sigue teniendo el costo del vivo,


porque la crueldad


se infla como la espuma


en la boca del lobo


cuando le ataca el hambre.


Chorrea la amargura,


se extiende por las zonas


donde los riegos


son de muerte.


Una patria sin corazón


que día a día


se inunda de lágrimas


como ríos


de gente sin visión.


Aún permanece


el sollozo quedo


por no saber cómo decirle


 a los compatriotas


que cese la violencia,


la que se inicia en casa,


haciendo hogar


en el meollo del cañón


a espaldas del sol.


 


 


LA COSTANERA


Sobre tus aguas descendí


como Venus alada.


Posé mis manos


para bañar sus palmas


y dejar en cada yema


la huella de tu energía.


Era de plata


en un río del Sur


donde el horizonte argentino


y el uruguayo


bailan un tango húmedo.


El sudor


se hace cuerpo


cuando mis sueños navegan


tus ensenadas.


A lo lejos


despunta la primera niebla.


Se hunde en las olas.


Regresan una y otra vez


a lavar mis dedos de pecados.


Bendita entre tus aguas,


surge mi figura


dibujada en la orilla.


Su sombra se tiende en la arena.


Me sacude el alma.


Y de nuevo


flotan mis manos


como barquitos de papel.


Traen el canto del ensueño,


el esplendor de las ondinas


y el velo


que cubre las tinieblas de mi ser.


Salpico la emoción.


Me envuelvo en los aires


de una oda a los mares del Norte,


surge otra canción


en el espejismo del agua,


bailarín de su suerte