SOLLOZO DE PATRIA
Sigo sollozando patria
mientras la mirada
acuesta el lamento
entre la rendija
de tantos dolores.
Ese niño
ya sin nombre,
masacrado a manos de sicarios
por un precio
que Dios condena.
Los hombres
nos hacemos trizas
pensando
que la vida se extravía
en un suspiro.
Los asesinos
matan con sevicia
por el placer de la sangre
y por un cobro que aumenta
con el afán de los padres.
No importa si el cadáver
sigue teniendo el costo del vivo,
porque la crueldad
se infla como la espuma
en la boca del lobo
cuando le ataca el hambre.
Chorrea la amargura,
se extiende por las zonas
donde los riegos
son de muerte.
Una patria sin corazón
que día a día
se inunda de lágrimas
como ríos
de gente sin visión.
Aún permanece
el sollozo quedo
por no saber cómo decirle
a los compatriotas
que cese la violencia,
la que se inicia en casa,
haciendo hogar
en el meollo del cañón
a espaldas del sol.
LA COSTANERA
Sobre tus aguas descendí
como Venus alada.
Posé mis manos
para bañar sus palmas
y dejar en cada yema
la huella de tu energía.
Era de plata
en un río del Sur
donde el horizonte argentino
y el uruguayo
bailan un tango húmedo.
El sudor
se hace cuerpo
cuando mis sueños navegan
tus ensenadas.
A lo lejos
despunta la primera niebla.
Se hunde en las olas.
Regresan una y otra vez
a lavar mis dedos de pecados.
Bendita entre tus aguas,
surge mi figura
dibujada en la orilla.
Su sombra se tiende en la arena.
Me sacude el alma.
Y de nuevo
flotan mis manos
como barquitos de papel.
Traen el canto del ensueño,
el esplendor de las ondinas
y el velo
que cubre las tinieblas de mi ser.
Salpico la emoción.
Me envuelvo en los aires
de una oda a los mares del Norte,
surge otra canción
en el espejismo del agua,
bailarín de su suerte