CUANDO MADURARON LOS CEREZOS

«Cuando el fruto sea perfecto, y pasada
la flor se maduren los frutos, podará con
podaderas las ramitas, y cortará y quitará
las ramas» (Isaías 18:5)


Cuando pasada la flor maduraron los cerezos
     en la viña del vino rojo
     confidencié con el viento,
y me encargaron de lo Alto cubrirla de celosías
con farolas encendidas por el celo de la brisa.
 
Guardé la fruta temprana y canté a los cabrahigos
y en batalla conspiraron los cardos y las termitas.
 
Hicieron alianza inútil debajo de las pezuñas
      y cerrojo en las corolas
      y azafrán entre los tules.
Y en el cinto de mi ronco y el perfil de mi cintura
      las hijas del canto fueron
      amadas por mis esquirlas.
 
      Yo no quería decirle
      a nadie lo que es el tiempo.
 
Yo guardaba vino rojo en las pipas del silencio.
 
     Y era carmesí la rosa
      y el color de los misterios.
 
     De rubí, tinto, escarlata,
     el horizonte del eco.
 
Caducó la flor y siempre, maduraron los cerezos
      y el que añade alas al viento
      le puso llamas al fuego.
 
Y fueron como manadas que suben al lavadero
las cabras y las ovejas trasquiladas del destierro.