A modo de Epílogo de un poemario

Doble

voz

de adolescencia

y cansancio

para cantarle

a

la Hembra Sin Rostro.

Somos

el grito

al corazón de la Hidra,

somos

la misteriosa caída

madre

del orgasmo.

Somos todos.

Floresta y Hollywood

se llaman

con el mismo nombre

a

la hora del amor

doliente.

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