DEMOSTRACIÓN

Los automóviles pasaban a toda velocidad por la avenida, le recordaban las películas mudas de Carlitos. La gente causaba la misma impresión.
Asomada a la baranda miraba con los ojos muy abiertos. Allá en la esquina estaba su madre, la oía a pesar de la distancia.
– No sé por qué comienzas cosas que no vas a terminar. Siempre eres la misma.
También vio cómo llegaba su marido y se unía a su madre.
– No se preocupe, Dora, no va a hacer nada, nunca lo hace, le faltan agallas.
Esa fue la palabra clave. Ella tenía agallas y había resuelto demostrarlo.
Abrió los brazos, su cuerpo se elevó. ¡Si, podía volar!
– ¡Adiós! – dijo el piso 15.
– ¡Bravo! ¡Bravo! – se unieron a caro el 14, el 13, el 12 y el 11.
El piso 10 cerró sus ventanas, el 9 hizo una reverencia. Luego hubo un silencio entre el octavo y el segundo.
– No sé si tienes razón – dijo el primero.
Y la planta baja susurró algo ininteligible cuando la calle se abrió en cruz tratando de convertirse en pétalo.