Al niño que se va

Me estremeció toda

el suave soplo

que brotó de tus labios /

al apagar las 11 velitas.

Aveciné un futuro

en aquel inmenso jardín,

al cual ibas entrando

casi despistado.

Quedaba atrás

el jalón tembloroso a mi chompa,

y los reclamos

no eran ya de leche con chocolate.

Minutos más tarde,

tu mirada buscaba a la niña en el
recreo.

Y tu mami era la amiga

que escuchaba tus historias

de chicas conquistadas y chistes picantes.

Entramos juntos al jardín,

lleno de mariposas y de flores multicolores.

Pero allí también había árboles
difíciles de trepar

y rosas con espinas.

Mas no estabas solo:

Cuando caías,

te ayudaba a levantarte

y te alentaba a subir a otro árbol

quizás más alto que el anterior.

En algún momento

sentiste temor y te creíste perdido,

pero luego supiste

que las espinas de las rosas que tocabas

salían siempre de tus manos,

haciéndolas más fuertes.

Hasta que llegó el día

en que dejamos el jardín.

Y siendo más amigos que nunca,

solté tu mano silenciosamente.

Te di un beso,

una lágrima mía rozó tu mejilla

y, al encontrarse nuestras miradas,

pensé orgullosa:

¡Ese es mi hijo,

ya es un hombre!

Paloma*Rox