Los ciudadanos.

Hijos de un desengaño que desampara el alma y no tiene remedio,
avanzan lentamente con fatiga de llanto contenido,
avanzan con sus penas,
avanzan bajo el peso de las dudas,
de haber dilapidado su confianza a mansalva
cuando las libertades eran un breve sueño,
la vergüenza cabía en una lágrima,
golpeaba la sospecha
los pómulos desnudos de la noche
y el estallido seco de una bala sin nombre desnucaba los miedos.

Hijos de aquellos días en que andaba la patria sangrando en el silencio
y negras mariposas libaban de profundas pesadillas
y férreos ideales
se calzaban pancartas insolentes
para amputar la infamia con un filo de abismos
o abatir codicilos con mandobles de viento
y arrogantes ejércitos de sombra
alzaban proscripciones
desde la arquitectura de ese agravio que sucumbió en otoño
ante una muchedumbre de palomas heridas socavando cimientos.

Avanzan de rodillas sobre esta democracia de mezquinos preceptos
fundada en las entrañas de todos los principios lacerados,
fundada en la mentira,
en la orfandad de fábricas hambrientas
compensando las bajas a gesto de subsidio,
estableciendo alianzas con cielos extranjeros,
numerando sus lunas de deshonra
mientras iza promesas,
mientras inventa cepas de esperanza en su clave de exilios
y ellos saben que acaso han de vivir mañana su muerte a contracielo.

Libro “Desde otras voces”