Una burbuja de amor
nos envolvía, sin embargo
yo, casi ni la olía.
Distanciados por el amor
de mano y mano,
apresurados en la pasión
de cada rato.
Rompía el hielo con cuidado
por si le daban escalofríos;
movía mi corazón a ver si le
hacían “escalocalientes”.
Cosquillas, ajetreo, sonrisas y bailoteo.
Camisa, besos, primos y tonteo.
Mucho por hablar, mucho por decir,
todo sin vomitar dos palabras,
impronunciables para él.
No queriendo meter el pie junto
con el alma, en el baúl de su
desmemoria, en el arcón de
su parsimonia.
En fin, 20 años no es nada.
Como afirmaba el maestro
de los poetas: “Para vivir un año más,
es necesario morirse muchas
veces mucho”.