REFLEXIONES

No tengo nada en contra de la diversificación sexual. En referencia a la homosexualidad, mis respetos. Sin argumentaciones contrarias a la libertad personal ni a los derechos colectivos. Sí, en cambio, mi repulsa a la permisibilidad y apoyo, que no tolerancia, de ciertas instituciones respecto a lo que considero refuerzo proteccionista oficial. Me explico: amparo y defensa al movimiento Orgullo Gay. ¿Por qué “orgullo”? En igualdad de condiciones, puedo sugerir la posibilidad, también legal, de crear una fuerza social intitulada “Orgullo Heterosexual”, de la que yo podría formar parte porque, aunque casi nonagenario, me siguen gustando las mujeres (dejemos al margen las sonrisas socarronas).

Comprendo cuál habrá sido el dolor humillante e incluso físico en múltiples casos, sin descartar asesinatos sufridos injustamente por los gay y lesbianas durante centurias, por no decir milenios. Dicho desacato a la razón ni siquiera debe ser atribuido en su totalidad a la ignorancia; el factor machismo tiene una importancia notoria en el proceso, lentamente generado en el tiempo por razones psicológicas e históricas. Sin embargo, insisto y seguiré haciendo hincapié en el mismo tema, la ferviente liberación homosexual no es justificativa para que de las fachadas de ayuntamientos y otras instituciones pendan banderas de vistosos colorines representativos del arcoíris.

Durante muchos años he sido activista sindical adherido al Partido Comunista de España, hecho que avala mi tendencia progresista; pero ello no debe ser, ni es, factor determinante que evidencie simpatía -tampoco antipatía- por la lucha de hombres y mujeres en defensa de su libertad sexual. Más que insinuar, manifiesto de nuevo mi comprensión por una conducta tan singular, aunque no la comparta en diversos aspectos. Manifestaciones callejeras de vistoso como comprometido comportamiento, en ocasiones rayando en la indecencia, no lo puedo estimar ético ni estético. Si para ser de izquierdas se precisa alimentar el ego a base de vulgaridad, volveré a mi antigua lucha por la libertad; pero también en favor de la reconstrucción de una izquierda racional, capaz de aleccionar a tanta cabeza hueca como abunda en nuestras filas.

¿Adónde queremos llegar con semejante actitud? Más, mucho más que malgastar el tiempo en simbolismos extravagantes, preocupémonos por aproximar nuestro esfuerzo a la consecución de un bienestar común y equilibrado; luchemos en favor de todos, hombres y mujeres, arquitectos y albañiles, campesinos, jueces y marineros… También por la homosexualidad viviente; pero con orden, dejando el folclore en manos de vacías conciencias y mentes estereotipadas.