Eras lozanía de ideales
en la selva de cemento.
Sentías clamar justicia.
Buscabas lo inalcanzable
en libros sin respuestas.
Florecías trascendencia
huella piel con piel.
Anhelabas un mundo nuevo
para el futuro de tu vientre.
Tejiendo escarpines
junto a tus sueños,
crecía vida en tu vida
claustro de amor latiendo.
Pero una noche de invierno
¡aves de rapiña, ponzoña uniformada!
¡asesinos de sueños!
¡¡te inmolaron!!
Hoy, recuestas tus sueños
acompañando a tu hijo
hasta el fin del tiempo,
quien nació en el cielo.
Xenia Mora Rucabado