TUDELA, JOYA DE LA RIBERA NAVARRA

Tudela estratégica encrucijada,


tránsito obligado hacia todas partes,


ilustre villa noble y blasonada,


“dómina” de los puntos cardinales,


hospitalaria, heroica, hermosa, hadada1;


serena, sencilla, bella y amable


como la gente que habita sus casas,


plazas, paseos, pasajes, calles2


Capital de la Ribera Navarra;


entre inmensos campos áureos y jaldes3


y una estepa extensa, ocre, verde, y llana,


se dibuja el perfil inimitable


de esta mayestática soberana,


destacan sus símbolos peculiares,


engallados en su textura urbana,


edificios magnos y rozagantes4,


que con su sola presencia delatan


a los maravillados visitantes,


su gloria y magnificencia pasadas,


bellas construcciones monumentales,


musulmanas, judías, y cristianas


exhiben su elegante y espléndido arte,


formando una inusitada amalgama


de estilos y culturas ancestrales.



 Pero, Tudela no solo es estampa,


es una ciudad viva, con talante


propio, dinámica, y evolucionada,


fiel a sus tradiciones populares5


plenas de bailes6 y jotas navarras;


por un lado, las fiestas patronales


en honor a su patrona Santa Ana,


por otro lado, las7tradicionales


y religiosas de Semana Santa,


fervorosas, místicas, proverbiales;


excelsas, como la huerta o mejana


tudelana, llena de saludables


vegetales con universal fama,


“cogollicos” y alcachofas flamantes,


espárragos que ofrecen al paladar


la frescura, el sabor y el placer


de un suculento y extraordinario manjar,


y unos vinos con severo carácter,


con personalidad propia y pujanza8.


En suma, Tudela es un estandarte9


vivo, del ayer, del hoy y del mañana.10