Lunes
Buenos días, amor, aquí me tienes
otro día esperando tu llamada
ya tan lejos de ti, pensando en nada
y con tu amor doliéndome en las sienes.
Nunca sé dónde estás, si vas o vienes
pero llevo tu vida retratada,
cada paso que das, si te detienes…
Hoy es lunes. Aún faltan siete días
para volverte a ver. Ayer decías:
«Mañana nos telefonearemos».
Y aquí me encuentro, desde bien temprano,
el móvil al alcance de la mano
recordándote, echándote de menos.
Martes
Quedamos en que tú me llamarías
o ¿fui yo quien quedó en llamarte luego?
¿Quién de los dos abrió este extraño juego
que nos roba las horas y los días?
«Llámame cuando quieras» -me decías-
y tu voz, devolviéndome el sosiego
despertaba, también, al amor ciego
que acaso sin saberlo, me tenías.
Pero una y mil veces te he llamado:
Al móvil, a tu casa… hasta he pensado
llamarte al corazón directamente…
No sé nada de ti. Llamé y no estabas;
o tal vez era que comunicabas
y no escuchaste mi llamada urgente.
Miércoles
Miércoles ya. Mediada la semana
he pensado decirte que te quiero
(te quiero más que ayer, mucho más, pero
seguramente menos que mañana).
Activo el móvil y es una campana
de gozos en mi mano. Marco. Espero
mas no escucho tu voz. Me desespero
y lo vuelvo a su funda, con desgana.
Cada vez que llamé (¿cuántas con ésta?)
recibí tu silencio por respuesta.
Tú nunca estás donde mi amor te augura.
No sé qué fuerza extraña, que imprevisto
viento te enmudeció. Y ya no existo.
Tu corazón está sin cobertura.
Jueves
Tu teléfono -hoy desconectado-
era el despertador de mi alegría,
del sueño en que te sueño cada día
del que nunca hasta hoy he despertado.
Cada mañana espero, confiado
el milagro de tu piedad tardía:
que tu amor me despierte -todavía-
de este amor que me tiene adormilado.
Marca bien las seis cifras del deseo
que cuando hablo contigo hasta creo
que tú mueves los hilos de mi suerte.
Y yo seguiré aquí, desesperando
que alguna vez, un día, no sé cuando
suene tu corazón y me despierte.
Viernes
Ya el viernes casi ha finalizado.
Si un sábado -de gloria- no esperara
no te habría llamado, amor, para
que no se cruce el hoy con el pasado.
Cada hora del viernes la he pagado
con lágrimas -la ausencia cuesta cara-
Un día más o menos. Y no para
el reloj su tica tac acompasado.
¿Estás ahí? ¿me escuchas? ¿o te has ido?
Oigo tu respirar… Me ha parecido
oír un clic, como si un alma rota…
Como si el corazón no respondiera
a mi llamada. O que no quisiera
el corazón hablar de su derrota.
Sábado (Buzón de Voz)
Para ganarle al tiempo la partida
hay que sembrar palabras en el viento
y luego hay que olvidar, por un momento,
la soledad que envuelve nuestra vida.
En tu Buzón de Voz tiene cabida
la risa, la esperanza, el sufrimiento
y la nostalgia y el desistimiento
para que el alma encuentre una salida.
Hoy no sé qué decirte. Hoy ando escaso
de palabras. Hoy tengo el alma al raso,
desnudo el corazón incandescente…
Hoy, sábado, te quiero en verso y prosa
y en tu buzón de voz dejo una rosa
y un mensaje de amor, viejo y doliente.
Domingo
Hoy es domingo ¡viva la alegría
y caiga el desamor en el olvido!
Hoy, del resto del tiempo me despido.
Hoy tengo, para amarte, todo el día.
Desde temprano, amor, te llamaría
por preguntarte cosas sin sentido:
que cómo estás o qué tal has dormido
(y también, si me quieres todavía).
Pero es tarde ya para llamarte,
para quedar contigo, para amarte
con este amor sin hilos que he inventado…
Y si te llamo y nadie me responde
Dónde podré llamarte luego? ¿dónde?
¿Dónde estarás, amor, inencontrado?