El ser bicéfalo Hermafrodito,
Que la nutricia Venus concedió a Hermes,
Busca su Plata por la mañana,
Su oro requiere entrada la noche.
Le falta el uno
Le falta el otro,
Yace tendido cual si cadáver.
En las tinieblas adora el fuego,
Que es la potencia de nuestra piedra.
Y en la luz ama los lagos,
Donde refugio siempre se encuentra.
Cual Triptolemo llama lo cría,
Tal como Robis nace en dos montes,
El de Mercurio y la Chipriota.
Nuestro Andrógino es la gran Obra,
Es el Corsuffle, es el elixir,
Es nuestro bálsamo y nuestra cura.
No se desprecie su doble sexo,
Pues solo él te concibe al rey.
No es para ti ni como un Aquiles,
No es para ti ni como un Caeso,
Es para ti, más que lo pienso,
Sólo un nacido con buena estrella.
Toma, pues a tu rey, dejadle que beba
De aquella fuente que a él le tienta.
Deja su cuerpo infecto de bilis,
Que el buen de Pharut le lave y limpie.
Ya recompuesto tu Duenech,
Hazlo que nade en inmensos mares,
Si la corona le hace peso,
Conviene grite, no sin despecho:
«Quien me ayude obtendrá un gran premio.»