Los especialistas en geología consiguieron inculcar al resto de los mortales que los fósiles representaban realmente el pasado. Yo adoro los fósiles desde mi más tierna infancia. ¿Cómo voy a salir disparado, corriendo, cuando alguien me llama al móvil, después de confraternizar con un trilobita de mi colección que cuenta –si mis cálculos siguen siendo acertados, tras la inesperada llamada telefónica– con casi 600 millones de años? La primera ventaja de los fósiles es la de retrotraerte al pasado más lejano, pero no la de mostrarte cómo era ese pasado.
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