Selección de poemas de Rubén Patrizi

Sístole y Diástole


 


Se dilata


Se infla


Se llena


Como henchida de velas


Nubes blancas que vagan


 


La diástole


 


Se llena como una gran luna


Sube la marea


Cubre el agua el muelle


Las nubes blancas se acercan


Y empapan de rocío


Las altas copas


 


Y gotean durante todo el día


Las hojas en la profundidad


De verdes y de bosque


 


Y un chorro diáfano


Se alimenta de cristales


Que nutren la tierra


En un sístole


 Que derrama en cada pulsación


 la corriente en un “incrementum”


 


Que baja de la nubes


Que viene de las cumbres


Que llega de más allá


 De allende de los mares


 


Con el viento marero


Que sopla al interior en las tardes arreboladas


Y cubren las montañas


Y oscurecen el resplandor crepuscular


 


 




 


“Viene la niebla”



Comenta cubriéndose con el poncho


Ella baja silenciosa


Calladita y empapando


Caliginosa y cubriendo


Con un manto de veste vaho


La noche


 


Las estrellas


Que brillaban alegres


Con plateada luz


Se apagan


 


Y se hizo el silencio


El de los grillos


Que con su jolgorio


Alegraban la oscura noche


El de los habitantes del bosque


Y de aves, de chuchos, de insectos


 


Y el autillo


De grandes ojos


Miraba acucioso


El movimientos cauto


De su presa


 


En las tejas de la vieja casa


Se ha acumulado el musgo


Y de allí las gotitas


Saltan al vacío


Cayendo de una en una


Y de otra en otra


En pausada cadencia


Volviéndose a juntar todas


En el charco


Abajo en el adoquinado piso


 


 


 


 


Y la cuesta


Llena de bosque


Se consustancia con el cielo


Todo blanco todo leche


Todo frío y humedad


 


El viejo se entumece


Y en un arrecirse tembloroso


Corre donde crepita


En un rojizo cantar


De chispas restallantes


El hogar


 


Y baja el hilillo


Entre peñas, rocas, monte y tierra


Y el fango se impregna en las botas


 


Un salto


Un pequeño salto


De espuma blanca


Los azahares del mar


Nacen entre las rocas


Son las primeras espumas


Que empiezan a rodar


 


Son varios días


De comunión y abrazo


La claridad y oscuridad


En un solo latido


Continua el frío


 


Y el rocío que es el hálito


Que viene del cielo


 está quieto, estático


Exprimiéndose


Como una gran esponja


Que deja en una exhalación


El efluvio invernal


 


 


El viejo


Tiene fría la nariz y mojada


Los surcos entre los ojos


Se marcan adustamente


Él envuelto en su poncho


En la cobija


En la soledad


 


Las vacas no salen del corral


Y solo quieren cocear


Leche aguada


Los chivitos balan


Parecen angustiados


El perro está echado


Solo duerme


Y el sabido gato


No baja de la estufa


Cerca su pelo y piel


De la danzante llama


Que oscila entre los leñosos


Maderos


 


En el techo de láminas


Se oye un golpear


Son gotas


Que caen


Empujadas por la brisa


Que empieza a soplar


A meterse entre las rendijas


Y a calar


 


El ulular es el abrazo


Del viento


Con las paredes de la casa


Se ciñe a los muros


En un frío enlace


Estrechando y rodeándolos


Emitiendo un triste cantar


Silbante y lloroso


Es el quejido de una oscura noche


 


El tin tin, el tan tan


El ulular, la brisa


El vaho, el gotear


El rocío, la lluvia


El despertar


 


El sol se asoma


Cubriendo las sombras


Inventando colores nuevos


De oro y plata


En el envés de las hojas


 


Y reverdece el bosque


La tierra mojada huele aún


A torta de barro


Los pétalos de las flores


Explotan en mil colores


El rojo, el azul, el amarillo


El naranja, el carmín, irisación


Todas las flores cantan a la luz


 


El perro corre entre ellas


El gato todavía en el fogón


Desespereza sus miembros


Y con sus abiertos luceros


Da un salto para empezar a maullar


 


El viejo palpita de nuevo


En trémulo caminar


Sus manos curtidas


Empiezan a trabajar


 


La nívea cabra


Se entibia al sol


Le leche, el queso


La caña , el ron


 


 


 


Palpita el día


El trabajo la acción


El pulso de la vida


Continua la jornada


El diario quehacer


 


El viejo divaga


Entre la montaña y el bosque


Piensa


Dialoga con la brisa


Escucha a las hojas


A los cantos del día


 


Ordeña, lava, cava


Acaricia a su amigo


De años y costumbre


Mueve el la cola


Y su frío hocico


Lo recuesta entre sus piernas


 


Una palmada y palabras


El otro maúlla envidioso


Ronronea con la caricia


 


Olor a café


A tabaco


A humedad


La casa de tejas


Y el silencio se rompe


El mugido, el ladrido


El relincho


Los pájaros y el recuerdo


 


La soledad acompaña al viejo


Que piensa en los suyos


En el tiempo, en algún lugar


Muy lejos


Él no se fue se quedó


Es este su hogar


 


Las cenizas de la vieja


Brotan en la cuesta


Con las florecillas de mayo


Cuando inicia la primavera


 


 


Manto de flores silvestres


Una alfombra de color


Un tapiz que cambia


Con el ciclo de la estación


 


Compañera de muchos años


De una larga juventud


Se fue un día al cielo


A descansar de la brega diaria


De la fajina del trajín


 


Adiós compañera amiga


Quedo yo en la lucha


De este diario vivir


Un día ya no muy lejano


Muy pronto, dejo de existir.