El corazón del poeta
canta amaneceres
con un hueco en el alma
porque no se puede
parar Sol que amanece.
Sus rayos atraviesan
figura perforada
con silueta hermana
de cristalino pecho;
te hizo viajero.
Añorando la vida,
-incontrolado loco-
y siempre escapándose,
latiendo deprisa;
tu corazón está allí.
Una obra perfecta, es un hijo,
acordes de guitarra resonaban,
para contarle como le amaban;
al llegar el momento lo bendijo.
Acudía volando la desnuda
flor de tonos de padre orgulloso,
cuando llegó leyó lo milagroso:
encuentro la verdad con tu ayuda.
No hace falta que te diga: compañero…
Lo más grande no se pide;
Madre, Padre, nacer: dados
por Dios que regala atados
porque vida no se mide.
Se borran los arañazos
de los más finos dorados
por los años ya dañados
¡Ay! Con ofrecer los brazos.
Tal vez sueñes con preñez
del hermoso cumpleaños
al nacer nuevo con años
recordados de niñez.
Tal vez amigo poeta
cantando a compañera
de secano con higuera
beses fresca esa meta.
Sí.
Señora poetisa:
eres primera fragua,
quizá así te definan.
Por tus versos caminan
las letras sobre el agua.
José Pómez