Selección de Poemas

{{RINDO CULTO}}



Ya no dibujo escarchas,

ni deshojo el corazón de la piedra,

tan sólo ando descalzo

por el vasto imperio de la arena.




Me detengo junto al castillo

de la roca,

allí rezo a la tormenta,

unto mi cuerpo de la sal del agua

y rindo culto al grito salvaje,

al descomunal estallido,

el golpear del agua sobre la roca.


{{EN EL PARAÍSO}}


Hoy mi grito eclipsa la voz del trueno,

sino fuera por este aire,

por su aroma a libertad,

un torrente de dulce licor,

se adhiere a mis pulmones

y embriaga todo mi ser.


Demasiado nómada para habitar una isla,

demasiado salvaje para habitar el continente.

Hoy mi mundo se me hace pequeño

y debo gritar con la fuerza del torrente,

debo andar descalzo sobre mi tierra

y dejar que esta unte mis pies,

los alimente con su frescor.


Puedo apagar con mi grito

los vientos de la tramuntana

y encender las estrellas sobre los montes,

puedo atrapar una esmeralda,

encerrarla en el corazón del cristal

mientras las nubes se desangran.


Puedo cerrarle los parpados

a los firmamentos que callan

mientras mi grito detiene las mareas,

dibujar sombras sobre las olas,

atraer metales escondidos

y pulirlos con la luz del sol.


Puedo traicionar a las espumas

que mueren lamiendo las arenas,

puedo arrancarles sus alas,

confeccionar con ellas bellos versos

y abandonarlos en las playas

para que la noche juegue con mi palabra.


Soy capaz de derramar mis lágrimas

sobre salvajes tormentas,

atarlas a los bramidos

de la ola que golpea la roca,

conseguir que uno solo de mis sollozos

detenga la furia desatada.


Aún así,

no soy capaz de detener mi latido,

debo confesar que éste,

mi pequeño paraíso

es un lugar muy grande para mi corazón,

pero demasiado diminuto para mis pies.

Hoy me marcho…


{{LA BARRACA}}


Amante de sombras

a veces envuelta en luces,

cerca, muy cerca de las aguas,

entre cañas y azahares,

besando los cielos se alzan las barracas.


{{CORAZÓN DE CIUDAD}}


Mis pasos por la ciudad

han anidado en los espejitos

casi irrompibles de mi alma.


He navegado, ausente de vientos y aguas

junto a las entrañas,

hasta embarrancar

en el preciado escollo

del corazón de ésta ciudad.


He desembarcado

en la inolvidable aorta

que riega de luz y color

los mil caminos

de sus noches y días.


{{EL VIEJO CAUCE}}


De nuevo frente al viejo cauce,

toda la ciudad guarda recuerdo de río,

las horas desfilan mojadas

ante la silenciosa mirada

condensada de los viejos momentos.


En algún rincón de olvidados recuerdos

se yergue la dulzura condensada,

el viejo cauce, poblado hoy de la flor,

el beso de las raíces de un nuevo alba.


Así, royendo el tuétano de la aguas,

amargo-dulce momento de sabor fugaz,

encendidos los recuerdos de las aguas

me confiesan el leve deseo

de besar durante un breve instante

los suelos de su viejo lecho.