¡Qué paciencia la del mar!
Siendo pujanza, furia y desacato,
a veces, cuando sueña en plenilunios
se deja acariciar por el velero.
¡Qué divina mansedumbre!
Anoche, cuando mi alma entristecida
ansiaba acomodarse en el sonido
de un campanario azul tañendo a muerto,
un navegante libre de malicia,
sacando fugas de un rumbo olvidado,
dichoso despertó al alba silente.
¡Qué atrevido marinero!
Yo quisiera en la calma de los mares
el soplo del amor correspondido,
pero el sueño que ansía ser soñado
muy pronto se convierte en pesadilla.
iQué engañosa es la marisma!
Busqué en la libre rosa de los vientos
la flor de lis de humildes simetrías
para orientar la sombra de mi causa,
mas sólo sé que voy a la deriva.
¡Qué bullicio entre ola y ola!
Aquello que anhelé no lo he encontrado.
Desisto ya en mi empeño sin sentido.
Pero sé que en algún lugar secreto
de la errática aguja marinera
se encuentra el rumbo cardinal del beso.
¡Que misterioso es el mar!
¡Qué doloroso el olvido!