¿Lo recuerdas?
No. Lo has olvidado.
Ni siquiera estás de luto
por tu muerte y por la mía.
Haz memoria, te lo ruego.
Dibuja girasoles y dame una respuesta.
¿Qué ves en las semillas?
Yo veo que están juntas,
que el sol las ilumina
y la noche las deslumbra
con luces cenitales
de estrellas tan lejanas
y tan vivas…
Así quisiera verte:
unida a la memoria insobornable
del olvido.
Al fin memoria
que en el sueño nos despierta.
Como el reloj de cuco,
¿lo recuerdas?
Cu-cú, cu-cú, cu-cú…
Hora tras hora
y día tras día
dibujando en el sonido
-cu-cú, cu-cú, cu-cú…-
el latido del beso en la pinada,
el aullido de los canes,
el canto de los grillos…
y el rumor, lejano y triste
de la sirena de un barco…
¿También has olvidado ese lamento?
Nunca olvides que el olvido
es una sombra,
una más,
de la memoria dolida.
Cu-cú, cu-cú, cu-cú…