¡QUÉ ASCO!

El PSOE puede hacer piruetas, pero no milagros. Los taumaturgos están en las alturas del PP, donde el Opus, inspirado en la santa misericordia de monseñor Escrivá, realiza portentosas misiones evangélicas, siempre en la calle, consolando a las víctimas del terrorismo con pólizas de un seguro celestial. Entretanto el señor Acebes, aspirante a la dignidad de los altares, desde su sede de la calle Génova, no escatima esfuerzos para hacer de España el solar patrio de la dignidad. Si antes nuestra nación fue el faro guía de la espiritualidad en Occidente, hoy anhela convertirla en referencia mundial de la rectitud. De ahí su empeño (porque mentir sería contrario a la razón) en hacernos creer que la masacre de Atocha fue obra exclusiva de ETA. Dicha actitud, sin embargo, peca de ingenua, aunque me trae a la memoria un dicho bastante usado por mi querida y extinta madre, que rezaba: “De los malos yo me libraré, mas líbreme Dios de los tontos”. (Mi progenitora, pese a los esfuerzos que hizo por encarrilarme vía catolicismo, en el aspecto religioso difería de mí 180 grados.)

     Vistas así las cosas (naturalmente me refiero al señor Acebes, al parecer hijo adoptivo del ilustre señor Rajoy y primo de idem del señor Zaplana), la parentela del PP, aguas abajo, discurre por el mismo cauce.

     Desde algún que otro pretendido escritor, hasta ciertos curas pederastas, todos entonan la misma canción, con una diferencia respecto a la nana: las canciones del PP están estructuradas en base a varios estribillos, posiblemente para que el efecto sedante, como sucede con los mantras tibetanos, resulte efectivo en grado máximo. Tal es como digo que, sin ir muy lejos, es rara la página web en que no escriba, con pluma de avestruz, algún catedrático dispuesto a utilizar la Biblia con la loable intención de politizarla, puesto que Dios, inteligencia suma, no se atrevió a hacerlo. ¿Para qué, preguntáis? Sencillamente, para intentar anestesiar con sonsonetes a los limpios de corazón, y de esta manera acrecentar las filas del señor Acebes. Siendo de este modo, la mayoría de bienaventurados engrandece al segundo jefe del partido simbolizado por la gaviota y no por el zorro, cuestión ésta que maltrata a la gavina. Esta clase de escritores, catedráticos o maestros, algunos de ellos diplomados en no sé qué estudios eclesiásticos, por fortuna son escasamente leídos. No interesan. Los tiempos han cambiado tanto, y ellos tan poco, que los lectores inteligentes prefieren el Corán, lleno de suras paradisíacas y huríes, jalea real y ríos de leche.

     Hablando de “leche”, permítaseme una irreverencia dado que estamos refiriéndonos a una formación política sacrosanta. La tienen agria; cortada, diría yo. De la mía no hablo porque ya escasea y no merece la pena detenerse en singularidades atróficas; pero la de ellos, en afín mezcolanza con la de falangistas y otros cuajos, ¡vaya lechecita! No en vano se sienten correligionarios de Francisco Franco y Bahamonde, caudillo de España por la gracia de Dios. Y si no, ajustemos la mirada a los recientes sucesos políticos generados en Madrid. De esto no dicen nada en Internet los escritores de pro, aunque sí de ETA, humillaciones al Estado, traición a la patria, desvergüenza y mil calificativos de órdago a la grande. ¡Pobres plumíferos!

     Acabo de decir, “¡pobres plumíferos!”, sin haber pensado en los alumnos que instruyen. Si imparten lecciones de Historia, ¡pobres educandos!; si de Literatura, se sabrán de memoria las obras de San Juan de la Cruz y Santa Teresa, obviando a Blasco Ibáñez. Sin embargo, hay que ver cómo ensalzan a la mujer, sobre todo en su Día. No dicen, por el contrario, que los padres de la Iglesia llegaron hasta la condena de la mujer sentenciando que carecía de alma. Menos mal que en Internet también hay algún que otro garbanzo negro capaz de señalar con el dedo gordo a los servidores del PP. Ahora –lo digo por un casual, y sin otro inconveniente que ventilar mi verdad, le pese a quien le pese-, los intelectuales del Espíritu Santo están intentando adueñarse de la bandera española. Por mí, que se la queden; les regalo gustoso mi parte, no porque la desprecie sino por razones de colorido; me va más la tricolor que, aunque arriada desde un día nefasto para nuestro país, en alguna fecha ondeará en el mástil huérfano que la espera. Mas centrémonos en el núcleo de este escrito acre, lo reconozco y no me arrepiento de ello, para evitar la atomización de mis ideas.

     En estos momentos –fijémonos en lo que escriben en Internet los reseñados hombres de pluma- los temas están centrados en ETA, en la bulla callejera y en la ofensa al señor Rodríguez Zapatero, mas nada dicen (eso sí que sería oposición seria) respecto a la discriminación de la mujer en el trabajo, cuyo paro aumenta, ni que, en similares condiciones de trabajo, sólo el 10 por cien de las señoras perciben el mismo salario que los varones. Tampoco señalan las inmensas ganancias del las empresas multinacionales, en contraposición con la casi congelación de los salarios. Menos aún se refieren a la degradación de parques naturales, marismas y otros espacios protegidos, precisamente por la intervención especulativa de no pocos alcaldes y ediles del PP. Con la boca llena de exigencias, tienen la desfachatez de defender a la Iglesia católica para favorecer sus insaciables demandas a costas del erario público, al tiempo que la cadena COPE, propiedad del clero, arremete con insultos y mentiras contra cualquier formación política de izquierdas, en especial cuando se trata del partido gobernante, dividiendo a la ciudadanía. Ni nos hablan de la sanidad, de la educación y de la cultura, esta última por los suelos si hacemos comparaciones con cualquier país europeo. Estas cosas se las callan hipócritamente, en tanto que se afanan por ocultar las contradicciones del PP respecto a los Evangelios, que los plumíferos de Internet, sahumando conciencias, pretenden disimular.

     Menos mal, insisto, que sus escritos apenas se leen, porque, para perder el tiempo, resulta más atractivo jugar a la petanca.

 

César Rubio (Augustus)