NOSTALGIA DE CASTILLA

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Los trigales anchurosos y jaldes

de la vasta meseta castellana

se ondulan al compás del fresco viento

que recorre incansable la llanada,

exhibiendo un paisaje áureo y argénteo

dorado por los trigales y plata,

por las aguas del caudaloso Duero.

Desde los puentes se vislumbra cada

mañana, la belleza de la ciudad 1

con su catedral de pétreas hiladas,

y su bello cimborrio bizantino…

Se vislumbra su muralla almenada,

y sus viejas calles laberínticas

y primorosas, de historia cargadas.

También desde los puentes se columbran

los sobrios páramos con marejada

vegetal, junto a dispersos alcores

y sucesiones infinitas de hachas, 2

que con su pabilo esmeralda marcan

lineales veredas azafranadas,

y estrechos caminos bituminosos

de curvas y alabeadas trazadas.

En este noble y sereno paisaje

castellano, el tímido fragor calla,

cuando resuenan en la lejanía

los graves ecos de las campanadas

que contagian de austeridad las tierras

paniegas, los barbechos, y las landas

de esta geografía sobria y severa.

¡Castilla, nada enturbia tu mirada! 3

ni una sola lágrima por ver el mar,

y no poder sentir su marejada.

Tu piélago no es azul, ni agárico

sino verdusco como la cebada,

amarillento como los trigales,

y vellorio y pardo como las campas.

1.- Zamora.

2.- Metáfora hachas=velas = abedules, por su corteza blanquecina.

3.- Personificación.