Dinamité el templo de Afrodita
pólvora inflamada en el dolor
todo cuerpo desnudo se deshizo
y quedò la duda
y mordì el pezòn de la insatisfacciòn
bajo la turbia nada de mi obra
y supe que la belleza no soporta jamàs
los embates destructores del alma
ni los desprecios de una espada envainada
y anduve ciego
persistente
enfermo
Navegué torturado
por los mares que me señalaste
traje conmigo toda la venganza
acumulada en el exilio
me elevé en espirales
contraje moneda
rechacé la redención
que me propusiste
me hice un dios
un cachorro de león
para evitarte
estuve entre los despojadores
indagando por alguna evidencia tuya
ahì donde te acostaste al final
ahí donde te sorprendìó
la última lira
Las sacerdotisas
han perdido ya la piel
los ojos han quedado consumidos
en mi fuego
Quise perdonarte
y caí
quise estar contigo
y me condenaron
me condenó la ciencia
el grial que sostienes siempre
la pulcritud
de mis alas cortadas
déjame dormir un poco más
y soñar que esto nunca pasó
que esto nunca
nunca
(léase bien)
nunca debió haber pasado…
– wilder caururo (1976- Perù) –

