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Cronica
PUEBLOS ANDALUSIES
Pueblos candes y albayaldes de la España andalusí, que en su dispersión, semejan nacaradas constelaciones, diseminadas por el infinito espacio árido, aspérrimo y desértico, que conforma un entorno, paradojicamente pleno de singular belleza.
Pueblos áureos y dorados de sol, donde reside la adusta sequía, en un silente, eterno y riguroso silencio, que contagia a una miscelánea de adyacentes campos abertales, ígneos y jaldes; de serranías montuosas y ruñaces, que despuntan sus suaves cresterías y desbastadas excrecencias sobre el diáfano cielo; de hoscos cantizales, y pedregosas estepas sembradas de infinitos guijarros; de sinuosas dunas sablonas, que lindan con el insólito fenómeno volcánico; y de un horizonte marino, que enamorado de la franja costera, escolta desde la distancia a esta tierra de secadío, como si estuviera unido a ella por un invisible andarivel.
Pueblos de perspicuidad y fulgor, donde el límpido y mayestático resplandor, ilumina sagradamente cada mañana las gráciles construcciones, dispuestas en serpenteadas y arabescas costanillas, e intrincados pasajes, desde el matinal otranto hasta la crepuscular anochecida.
Pueblos de ornamental y artística artesanía; de telares centenarios y jarapas estambradas, de legamosa y arcillosa cerámica alfarera; de mimbres de patio y zades…
Pueblos de vergeles de testeraje, donde el fragante aroma de sus flores y plantas desvahadas, invade cada escondido rincón, cada prominente cornijal, cada apaisado arriate, donde bajo el rusiente sol mediterráneo, se exhibe esta floridez, como si de valiosas pinjantes se tratara.
Pueblos de undísonas fuentes, que con su reverberante sonido ácueo, refrescan las calendas estuosas, produciendo un eufónico sonido dificil de olvidar.
Pueblos de nigérrimas verjas de hierro forjado, dispuestas sobre los ventanales de los careados de umbría y de solana; sobre los alfeizares telendosos de mil colores; y sobre las saledizas balconadas, que parecen guarnecer tras sus rejas, un verdadero harem de intimidad. En las diáfanas afueras, el fulgor.
Pueblos de miradores abiertos, con puntos fuga situados en barrancos aristados, en ramblas yermas e insoladas, y en horizontes infinitos, donde reside permanentemente, la más bella escenografía de la luminosidad. Una luz en la que cada rayo es como un jito brillante y esplendoroso, que ilumina sin descanso esta tierra de saladares, de palmerales, y de maravillosos paisajes ocres, cerúleos y albares.
Pueblos de mar y de sal, de oleajes trémulos con rizos como escamas, sin cabrillear; de encalmadas de espejo azulinas.De marejadas empenachadas, con crestas espumosas de apariencia vítrea.Aguas de creciente y de menguante salobradas.
Pueblos de brisa y viento, de céfiros suaves, que cariciosamente refrescan la tez, y de impetuosos vendavales, que tiñen de blanco la mar, dejando a su paso una invisible atmósfera de calima y celaje..(…)
VILLAGES ANDALUSIES
White villages and white leads of the Spain andalusí, that in his dispersion, resemble nacreous constellations spread by the infinite arid space, and desert, that shapes an environment, paradoxically plenary session of singular beauty.
Golden and golden villages of the sun, where the austere drought resides, in a silente, eternal and rigorous silence, which it infects to a miscellany of adjacent fields opened, igneous and jaldes; of hilly mountainous countries and ruñaces, that blunt his soft summits and refined excrescences on the diaphanous sky; Of dark cantizales, and stony steppes sowed with infinite pebbles; of sinuous dunes sablonas, that border on the unusual volcanic phenomenon; and of a marine horizon, which fallen in love with the coastal band, he escorts from the distance to this land of secadío, as if it was joined to her by an invisible cable.
Villages of perspicuidad and brilliancy, where the limpid and majestic radiance, it illuminates sacredly every morning the graceful constructions, arranged in wound and arabescas slopes, and dense passages, from the morning dawn up to the crepuscular nightfall.
Villages of ornamental and artistic crafts; of centenary looms and jarapas estambradas, of slimy and clayey ceramics; of wickers of court and zades …
Villages of vergeles of plants, where the flagrant smell of his flowers and plants desvahadas, it invades every hidden corner, every prominent cornijal, every oblong narrow flowerbed, where under the rusiente the Mediterranean sun, this floweriness shows itself, as if about valuable jewels it was treating itself.
Villages of sonorous fountains, which with his reverberante acqueous sound, the calendas estuosas refresh, producing an euphonic sound difficult to forget.
Villages of very dark railings of wrought iron, arranged on the large windows of the compared ones of shady and of sunlight; on the sills live of thousand colors; and on the projecting balconadas, which they seem to provide after his gratings, a real harem of intimacy. In the diaphanous suburbs, the brilliancy.
