Con el lenguaje callado de la tarde
un haz de sombra
latiguea el gemido del verso
y va orillando la noche
una contraseña de tristeza.
En la vereda de mi casa
con luces de neón
despoja su secreto
en desnudez la rosa
y delira a carne viva
el azote del frío
con aguijones
de palabras de olvido.

