ME GUSTA CONTAR LO QUE PERCIBO

Entrevista

Su amor por el periodismo se inició temprano, debido a que era fanático a las letras, le gustaba mucho la asignatura que entonces se llamaba Lenguaje y también la de Historia; era un lector apasionado de la obra de José Martí y participó en un concurso sobre la vida del Héroe Nacional de Cuba, en el cual no obtuvo ningún premio, pero que le instó a seguir escribiendo sobre diferentes temas, por lo que fue felicitado en más de una ocasión por aquellos famosos relatos que pedían a principios de curso acerca de lo que habían hecho los alumnos durante las vacaciones.

En 1962 y cuando trabajaba de oficinista en el Tejar Simpatía, del municipio de Abreus, en Las Villas (hoy provincia de Cienfuegos), le seleccionaron para pasar un curso de Administración Industrial del Ministerio de Obras Públicas (MINOP), en La Habana. Allí tuvo como Profesor de Español al doctor Francisco Alvero Francés, miembro honorario de la Real Academia de la Lengua, autor de varios textos sobre Gramática y Catedrático de la Universidad de La Habana.

Como era tan amante de su asignatura, le tomó un gran aprecio. Fue así como al crearse un boletín mensual para recrear el quehacer de la escuela, su profesor lo designó como Jefe de Redacción. En ese boletín publicó su primer trabajo, sobre la participación del colectivo en actividades deportivas.

Por tanto, la primera influencia que tuvo hacia el periodismo no fue de ningún profesional que lo ejercitara, sino de su profesor de Español, quien también quiso que incursionara en la literatura, por algunas poesías que escribió estando en esa escuela. Aún hoy ejerce el periodismo en Las Tunas, Cuba y se llama Juan Emilio Batista Cruz.

De esos inicios recuerdo que, al regresar a mi centro de trabajo, comencé a reportar para la emisora Radio Tiempo de Cienfuegos, de la cual fui corresponsal y en 1964, cuando me trasladé para trabajar en el MICONS del norte de Oriente en Holguín, colaboré con el diario AHORA, cuyo director de entonces Pedro Ortiz, ya fallecido, intentó llevarme a su redacción, pero no aceptaron en el MICONS.

En 1965 me designaron administrador de Cerámica Roja en Las Tunas; luego me pasaron a oficinista en 1966 y como era el mejor corresponsal voluntario de la entonces Radio Circuito y allí se creó una nueva plaza de periodista, el Partido me llevó para allí en enero de 1967 y comenzó así mi vida como profesional del Periodismo.

En la emisora, recibí la influencia de quienes considero mis maestros fundamentales, Florencio Lugones y Eddy López, sobre todo el último que me ayudó a convertirme en narrador-comentarista deportivo.

Desde aquel momento, también y de manera muy especial influyó en mi el maestro de periodistas, fundador de la prensa revolucionaria en Las Tunas, Rosano Zamora Padín (Gallo), un hombre excepcional, quien con paciencia y cariño casi paternal, perfeccionó mi quehacer periodístico, antes y durante la carrera que hice en la Universidad de Oriente, luego de un curso de nivelación, otro curso especial preparatorio de Humanidades a cuyo claustro de profesores le debo mucho, principalmente al profesor de Español Malo de Molina.

Ingresé en la carrera por Curso Dirigido y después de cinco años de estudio-trabajo, me gradué de Licenciado en Periodismo, en la histórica primera graduación de este tipo de Enseñanza en la Universidad de Oriente y que recibió el nombre Primer Congreso del Partido, por coincidir con aquel extraordinario acontecimiento político de nuestro país.

Otros colegas te sirvieron de guía por tu trabajo: Mario Romaguera, reportero de deportes del diario Sierra Maestra, Heriberto Cardoso, director de ese propio periódico, primero y como profesor en la Universidad, Eddy Martin, Bobby Salamanca, Ernesto Vera, Elio Menéndez, Lázara Rodríguez Alemán y Elio Constantín…

Siempre tuve un concepto muy alto del periodismo cubano de aquellos momentos. Tenía limitaciones que se han ido superando, sin llegar a creer que ahora sea perfecto, ni mucho menos; pero aquel de mis inicios era de trinchera, de defensa a ultranza de nuestras conquistas. Creo que ayudó de manera especial a crear una profunda conciencia de qué era nuestro país y hacia donde había que enfilar la proa, sin importar la fuerza de las tempestades.

No ha variado su rumbo, por supuesto, pero en aquellos momentos y con rudimentarios conocimientos en una mayor parte de los que integrábamos sus filas, surgidos del movimiento de corresponsales obreros, el periodismo cubano desempeñó un papel decisivo.

Desde tus inicios hiciste periodismo cultural, ¿qué te llevo a ello, que hiciste, que te interesaba de la cultura?

Siempre me interesó la cultura. De niño y adolescente era cantante aficionado y gané varios premios en un programa de CMKG, Radio Tunas, que se llamaba Buscando Estrellas, que tenía de guitarristas acompañante a Teófilo Parra y Piyiye Alarcón. Esa emisora estaba situada en el edificio de Radio Cine, de la calle Francisco Varona, donde hoy radica la sala Raúl Gómez García, sede del Teatro Guiñol Los Zahoríes.

Aquel programa lo animó un inolvidable locutor, devenido extraordinario humorista, el villaclareño Argelio García (Chaflán). Ahora bien, escribí algunas cosas sobre cultura, porque en el periodismo de aquella época (finales de la década del 60 y la del 70, del siglo pasado), los periodistas debíamos escribir de todo. Sí me interesaba la cultura y me gustaba escribir de música sobre todo, pero llegué a publicar artículos sobre teatro y artes plásticas.

Y, para ser sincero, siempre me ha interesado el mundo de la cultura, porque es un elemento primario en la vida espiritual del hombre. Hoy, estoy más cerca porque he escrito dos o tres libros que están sin publicar y tengo otros proyectos, todo gracias a la influencia que ejerció en mí ese excelente escritor que fue mi amigo Guillermo Vidal Ortiz, quien me instaba a que escribiera una novela de corte autobiográfico sobre mis experiencias personales.

También, la música me atrae sobremanera, por influencia de mi hijo el trovador Norge Batista Albuerne, quien hace poco escribió la música de un poema que escribí en homenaje a mi madre y que lleva por nombre La luz de tus ojos. Precisamente, en estos últimos tiempos he publicado varios artículos sobre las actuaciones de Norge, sobre todo en sus giras de verano por España.

Eres muy conocido como un periodista deportivo, ¿como empezó ese amor por el deporte?

Mi amor por el deporte es de cuna. A veces les digo en broma a mis familiares y amigos que mi madre, Fe Cruz, pasó un trabajo tremendo a la hora de parirme, porque yo venía del vientre con bate, pelota y guante incluidos. El hecho es que mi padre, Juan Batista, fue deportista, pelotero. Fue jardinero en sus años mozos y después un lanzador exitoso del equipo local de Victoria de Las Tunas desde mediados de los años 30 hasta los 40.

De ahí me viene lo de amante del deporte en general y de la pelota en particular, disciplina en la que logré resultados sobresalientes de niño en la Liga Infantil de Los Cubanitos, de juvenil y también en los torneos de mayores.

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Eres muy apasionado para el deporte, hasta el punto de llegar al explote cuando tu equipo hace una mala jugada o comete un error que puede echar a perder un juego, ¿cómo controlas eso en aras de la imparcialidad periodística?

Mi pasión por el deporte y por la pelota en general, ha sido un elemento distintivo en mi carácter; al extremo que, de niño y adolescente todos decían que yo era “muy perrero”. Y era verdad. Con los años, me calmé bastante, mi comportamiento mejoró mucho; aunque sin ser pasivo, ni mucho menos, no pocas veces fui expulsado por los árbitros debido a una inadecuada actitud en el terreno de juego.

Esa pasión me ha acompañado toda la vida y he tenido que dominarme, porque en mi condición de narrador deportivo desde hace 40 años, obliga a un comportamiento mesurado en aras de la consabida imparcialidad en la descripción de un partido de cualquier disciplina o del desarrollo de una pelea en los deportes de combate. No obstante no creo, porque lo he comprobado en la práctica, en la imparcialidad absoluta en la narración deportiva.

Uno debe hacer el máximo esfuerzo para no exteriorizar sus sentimientos de simpatía por un equipo o un atleta; pero en la práctica, el oyente o el televidente se da cuenta cómo tú pones mayor énfasis en las acciones del tuyo, en mi caso el de Las Tunas, desde el punto de vista colectivo y de los peloteros Osmani Urrutia, Dánel Castro o Joan Carlos Pedroso, en lo individual.

El gran Bobby Salamanca decía que los narradores de las distintas provincias, representaban los intereses de la misma y deben defender sus colores, pero con mesura, sin exagerar; y acusaba de parciales a los narradores de emisoras de alcance nacional, incluido él porque mostraban apego a los equipos de la capital, actitud permisible, según sus criterios, para los de la emisora COCO.

Y si alguien duda de esa admisible parcialidad mesurada, les recuerdo cómo el propio Salamanca no le decía azúcar a los strikes que lanzaban los lanzadores contrarios, ni caña a los jits; además de que se refería con entusiasmo a las acciones de los defensores de la bandera de la estrella solitaria. Hoy, Roberto Pacheco; también a través de Radio Rebelde, manifiesta abiertamente su posición al lado de Cuba. Y es válido, es lícito, porque su emisora está al servicio del país y de los deportistas cubanos.

Esa es la pura verdad.

En los últimos tiempos y gracias a la TV muchos han descubierto tu conocimiento sobre tu ciudad, sus gentes, sus lugares, pero ya algunos lo sabíamos de hace años… ¿Cómo es ese amor Juan Emilio-ciudad de Las Tunas?

En primer lugar, formo parte de una familia de patriotas; mi abuelo paterno y mi bisabuelos maternos, combatieron en las filas del Ejército Libertador. Desde pequeño escuché las historias de mi abuelita paterna acerca de las batallas libradas por los mambises en la manigua redentora y, sobre todo, conocí por diferentes vías de la grandeza de la figura del Mayor General Vicente García González.

Siempre admiré a aquellos hombres y aprendí a valorar el estoicismo de mi ciudad, quemada y destruida en tres ocasiones, verdadero ejemplo de heroísmo y desprendimiento de sus habitantes, quienes prefirieron verla quemada antes que esclava. Crecí con un profundo sentimiento de amor por mi ciudad.

La recorrí de un extremo a otro, de norte a sur y de este a oeste, con un cajón de limpiabotas al hombro, con una caja con flores, una bandeja con bocaditos de lechón asado o jamonada con queso y finalmente con un cubo de tamales calentitos a cinco centavos la unidad… Estuve en todos sus terrenos de béisbol, incluido el estadio municipal (hoy Julio Antonio Mella, con el diamante al revés).

Supe de sus terribles condiciones de vida, su miseria y también de sus grandes deportistas, de sus excelsos artistas, de la grandeza de hombres como José Hernández Cruz (Pepillo) el único alcalde honrado de la era republicana; del decano del periodismo en la ciudad, el inolvidable Maestro Rafael Zayas González, y sobre todo de su linda historia, de esa que permite asegurar que Las Tunas nunca se ha quedado atrás.

Ese amor entrañable por el terruño, por sus leyendas y tradiciones, creció se hizo inmenso a partir del triunfo de la Revolución, porque he compartido junto a mi gente, junto a los herederos de Vicente García y de El Cucalambé la lucha por construir una nueva sociedad.

Por el esfuerzo de todos, aquella aldea de unos 38 mil habitantes, plagada de bohíos urbanos, sin acueducto ni alcantarillado, sin industrias, en la cual primaban los vendedores ambulantes y los mendigos, por no tener fuentes de trabajo; se ha convertido en una ciudad de Primer Orden, con modernas fábricas, una creciente urbanización y encaminada a lograr una imagen digna de la nueva sociedad.

Creo que son motivos suficientes para amar y querer a esta Ciudad, balcón del oriente cubano, Ciudad de Puertas Abiertas y capital de la escultura en Cuba.

Yo siempre he esperado un libro de crónicas de la ciudad, sus sitios y sus personajes, o de viñetas y siempre he creído que eres quien debe escribirlo, ¿qué ha pasado con eso? ¿Por qué no ha aparecido aún el libro?

Esta es una pregunta sumamente interesante. Sí, creo que merezco publicar un libro de ese corte. Y lo realmente sorprendente es que está escrito hace más de 15 años y luego de alrededor de 30 de investigación en fuentes pasivas y con personajes que vivieron aquella tragedia, que fueron protagonistas, al igual que yo, de lo que era Las Tunas en los primeros 58 años del siglo XX.

El Libro existe, repito, primero con el título Tras las huellas de tantos, rechazado por la Editorial Sanlope en sus primeros años de existencia.

Después y por sugerencia del poeta y amigo entrañable Antonio Borrego Aguilera, le cambié el título por el de Solo para blancos, el mismo de una de las crónicas en la que se narra que el campeón mundial wélter de boxeo, Kid Gavilán no pudo entrar al centro nocturno El Bambú, ubicado en la calle Lorenzo Ortiz, junto al antiguo hotel Imperial , porque era negro y aquel lugar era solo para el disfrute de los blancos.

Lo triste es que la entonces directora del Centro Provincial del Libro, mi gran amiga, Lesbia de la Fe, me solicitó que le llevara el original que tenía intención de publicarlo. El editor iba a ser quien es también un buen amigo, el poeta Antonio Gutiérrez, quien revisó los textos y le dio el visto bueno.

Lamentablemente me cansé de esperar y hace un par de años, cuando ya Lesbia no era la directora del Centro del Libro, rescaté el original del fondo de un archivo de esa entidad, con una parte de las hojas comidas por las polillas. Y ahí está en una gaveta de la mesa donde tengo la computadora, en espera de mejor suerte. Esa mala fortuna que al parecer me acompaña, también hizo su aparición hace ya casi cinco años.

El caso es que, por orientación del Departamento Ideológico del Partido en la provincia, me pidieron que escribiera la historia del periódico 26 para publicarla en saludo al 25 aniversario del mismo como diario, que se cumpliría el 26 de Julio de 2003. Me propusieron incluso liberarme para realizar la tarea, pero dije que no era necesario, ya que ese trabajo yo lo tenía bastante adelantado.

El texto estuvo listo para la fecha prevista y corrió la misma suerte del anterior: Del Hórmigo a 26 (Apuntes para la historia de la prensa tunera), yace también en una gaveta. En colaboración con el historiador deportivo Tomás Mesa, terminé hace poco otro libro, este sobre el deporte y que tiene por título Apuntes sobre el béisbol en el antiguo municipio de Victoria de Las Tunas; habrá que ver si este corre mejor suerte.

Nada, Carlos Téllez, que tu deseo y el de otros tuneros tendrá que seguir esperando por un golpe de fortuna. Siempre me ha gustado escribir crónicas, un género que, según el gramático español Martín Vivaldi, constituye el enlace entre el estilo periodístico y la literatura. Y creo que tiene razón.

Ya te dije que Guillermo Vidal me instó mucho a escribir una novela autobiográfica y he comenzado una especie de ensayo: “De limpiabotas a periodista”, en el cual aspiro a narrar, o más bien recrear, la historia de mi vida, que no es más que la historia de millones de cubanos de mi época, de aquella Cuba que no podemos permitir que vuelva jamás.

Pero mucho antes, en 1962-63, escribí un cuaderno de poesías: décimas, cuartetas y otras métricas dieron vida a obras que recreaban el paso de Martí por la historia, de Maceo, de Camilo, de las grandes fechas patrióticas y el quehacer del colectivo de la Escuela de Administración Industrial Javier Rodríguez Barrero, del MICONS, radicada en La Habana.

Trabajas todos los medios: la radio, la TV, la prensa escrita, ¿Cuál es tú preferido, cual el más difícil?

Sí, he tenido la osadía de incursionar en Radio, prensa escrita y Televisión. No creo que sea del todo bueno en ninguno sin que esto sea exceso de modestia; es lo que pienso. Para mí, el más difícil es la prensa escrita. ¿Por qué? Porque exige mucho de uno, obliga mucho a investigar, a tener los argumentos necesarios para que el trabajo, de cualquier género, tenga las menos fisuras posibles.

Pienso que te obliga a meditar más, a extremar los cuidados en lo que elaboras; recuerda que lo que tú haces queda impreso para toda la vida, las personas tienen más tiempo para valorar lo que haces. Esto no quiere decir que en los otros medios tú puedas ser superficial, no.

Yo comencé en la radio, también un medio difícil, en la que tu prestigio depende de ese nivel de profesionalidad al que hice referencia en la prensa plana; pero no hay dudas de que es más fugaz, pasa rápido y muchas veces las faltas, los posibles errores, se quedan en el éter, nadie los nota. De la televisión puedo decirte que hice mi primera incursión allá por al año 1973, en aquel Tele Rebelde originario que cubría a la antigua provincia de Oriente.

Fue en la sección deportiva del noticiero y aunque los temblores recorrieron todo mi cuerpo, salí bien. Ahora, te confieso una cosa, nunca en la vida he dejado de sentir temor ante las cámaras, solo que al pasar del tiempo he aprendido a dominarme y creo que lo hago de manera decorosa.

Pero, todos estos medios son difíciles y es preciso prepararse bien, estudiar, actualizarse constantemente, si no lo haces, te quedas atrás, pierdes credibilidad y por tanto te conviertes en un mediocre, porque la cultura de nuestro pueblo es alta y no admite el periodismo vano, superficial, rutinario. Y al pueblo hay que respetarlo.

¿Qué es lo que nunca se puede permitir un periodista?