La contrucción de las identidades

La construcción de las identidades en el marco de la pragmalingüística, de la psicología cognitiva y de la cortesía verbal: el caso del perverso narcisista. In Critical Discourse Análisis. Quaderns de Filologia. Estudis Linguistics XI. Universitat de València. Facultat de Filolog

Cronica

La construcción de las identidades en el marco de la pragmalingüística, de la psicología cognitiva y de la cortesía verbal: el caso del perverso narcisista.

In Critical Discourse Análisis. Quaderns de Filologia. Estudis Linguistics XI. Universitat de València. Facultat de Filologia. (J.Todolí et al. eds.). pp. 245-259. ISSN: 1135-4178.

Nuestra forma de pensar genera problemas

que la misma clase de pensamiento nunca logrará resolver. Albert Einstein

No hay más bien ni mal que el que el pensamiento construye .

Shakespeare (Hamlet)

A David (en mi identidad)

Resumen

La identidad personal del Yo permite al individuo representarse a sí mismo, en tanto que la identidad social del Yo se entiende como el conjunto de percepciones de las que el Yo personal dispone para poder representarse quién es en relación con los otros en el seno de un sistema social. La identidad del perverso narcisista emplea estrategias de utilización y consiguiente destrucción de su víctima.

Su ehos se expresa de manera prepotente y megalómana con recursos de seducción y cordialidad, y aunque en el ámbito público respete las reglas de cortesía, en lo privado invadirá y destrozará los territorios de su víctima, que se representa las situaciones conflictivas en las que se encuentra como “la realidad”, sin comprender que se trata solamente de “su propia” representación de la realidad, de su “mapa” de la situación.

Mientras que la persona subyugada no llegue al convencimiento de que se hace necesario un cambio en la configuración de sus cogniciones, verbalizando diversamente sus representaciones de la situación, continuará siendo emocionalmente cautiva del perverso narcisista y de un mapa de su propia realidad.

Abstract

The personal identity of self allows an individual to represent oneself, whilst the social identity of self is understood as the whole of perceptions permitting a person to represent him-/herself in relationship with others living in a social system. The identity of the perverse narcissist employs strategies of using and destroying his/her victim. His/her ethos is expressed in a highhanded and megalomaniac manner using resources of seduction and cordiality.

Although in public he/she respects the rules of politeness, in private he/she might invade and destroy the victim’s territory. The victim understands the conflictive situations in which he/she is involved as ‘reality’ without understanding that it is merely his/her own representation of reality, his/her ‘map’ of a situation.

The victim is stuck with his/her own map of reality as well as being trapped by the narcissist perverse until he/she reaches the conviction that it is necessary to undertake a change in the configuration of his/her cognitions, expressing his/her representations of a situation differently.

1 Las identidades, el ethos y el ethos cortés: breve recorrido

Desde los trabajos de Goffman (1967), la noción de identidad personal / social estuvo estudiada y aplicada a diferentes tipologías de análisis. La identidad personal del Yo permite al individuo representarse a sí mismo, en tanto que la identidad social del Yo sería el conjunto de percepciones de las que el Yo personal dispone para poder representarse quién es en relación con los otros en el seno de un sistema social, percepciones sobre los valores, los roles sociales, profesionales, etc.

Cuando se realiza una interacción verbal, “ la imagen social se manifiesta en la actuación del ego frente al alter, y en esa medida está unida a cómo se concibe una relación interpersonal en una circunstancia determinada.” (Bravo, 2003: 101). Según Goffman (1967) el discurso de cortesía constituye en sí mismo una presentación del Yo (imagen de cortesía del Yo), aunque evidentemente, no la única, que implica un compromiso con la propia imagen social.

Dicho discurso estará supeditado a una tipología de comportamientos, normas sociales establecidas por cada sociedad que regulan las actuaciones de sus miembros adecuadas a cada circunstancia. En efecto, cada sociedad crea un conjunto de normas que regulan el comportamiento adecuado de los miembros que la componen; dichas normas impiden ciertas conductas y favorecen otras. Lo que se ajuste a las normas será considerado como cortés, en tanto que lo que no se adecue será sancionado como descortés.

Ya desde los estudios de Matsumoto (1989) se viene aceptando que los aspectos de la imagen social no se pueden aplicar a la cortesía sin establecer referencias al contexto sociocultural del enunciador, no sólo los conocimientos compartidos, sino todos aquellos supuestos acerca del background information compartido entre enunciador y co-enunciador.

Cuando se evalúa el grado de conflictividad que un enunciado pueda tener, con el fin de utilizar los mecanismos de cortesía necesarios para contrarrestar los efectos, debemos tener en cuenta las características personales de los participantes, los elementos que se desprenden de la situación de comunicación determinada, la concepción de las relaciones interpersonales en la sociedad en la que los interactantes se encuentran, y el bagaje de comunicación que supuestamente éstos comparten.

“A este tipo de supuestos sobre ‘conocimientos de partida’ es a lo que llamamos hipótesis sociocultural acerca de algo que extralingüísticamente contribuye a crear expectativas acerca de lo que potencialmente puede ser evaluado como cortés, descortés o neutral en esa situación.” (Bravo, 2003: 104) No quiere decir esto que la imagen que de ello se desprende sea estática, pero sí que posee una cierta permanencia puesto que es reconocible en la sociedad en cuestión. Es lo que se viene a denominar imagen básica (ibid.).

Las características de esta imagen se fundamentan en unos contenidos socioculturales que se ven reflejados en distintas situaciones de comunicación en el seno de la sociedad en cuestión. Por otro lado, la imagen que el enunciador muestra tiene una vertiente deliberada, “toute prise de parole implique la construction d’une image de soi. […] Les Anciens désignaient par le terme d’ ‘ethos’ la construction d’une image de soi destinée à garantir le succès de l’entreprise oratoire. » (Amossy, 1999 : 10-11).

Así pues, y retomando las enseñanzas de la retórica clásica, el ethos vendría a ser algo así como los rasgos de carácter que el orador debe mostrar al auditorio para causar una buena impresión. Si ensanchamos esta concepción a las interacciones de todo orden, vemos que esta imagen se compone de una parte de identidad personal y otra de identidad social, y, en ambas partes se dará un aspecto espontáneo y otro intencionado.

El análisis del discurso y la pragmática, al privilegiar el enunciado en situación y la fuerza del enunciado, coinciden con la retórica definida como arte de persuadir.

La construcción de una imagen de identidad personal está estrechamente relacionada con los trabajos de la enunciación, que Benveniste (1974) había situado ya no sólo en el centro de interés del análisis lingüístico, sino que introduciendo la noción de cadre figuratif, entendía que la enunciación, “comme forme de discours […] pose deux figures également nécessaires, l’une source, l’autre but de l’énonciation.” (Benveniste, 1974: 82).

Años más tarde, Catherine Kerbrat-Orecchioni propone la incorporación “ dans la compétence culturelle des deux partenaires de la communication […] l’image qu’ils se font d’eux-mêmes, qu’ils se font de l’autre, et qu’ils imaginent que l’autre se fait d’eux-mêmes. ” (1980 : 20). La pragmática se interesará pues por las imágenes que los interlocutores despliegan en sus interacciones. La propia imagen se construye en y por el discurso.

Irving Goffman, adoptando una metáfora teatral, había ya hablado de representación, “la totalité de l’activité d’une personne donnée, dans une ocasión donnée, pour influencer d’une certaine façon un des participants.”(Goffman, 1973: 23) Indisociable de la mutua influencia que los interactantes desean ejercer, la presentación del Yo es tributaria de los roles sociales y de los componentes situacionales.

Años más tarde, los estudios de cortesía se nutrirán de los conceptos desarrollados por este etnólogo de la comunicación (cf.concepto de face, imagen del Yo creada, por supuesto, a partir de ciertos atributos sociales, y que Catherine Kerbrat redefine como “ensemble des images valorisantes que l’on tente, dans l’interaction, de construire de soi-même et d’imposer aux autres.” (1989: 156) El trabajo de elaboración de la imagen del Yo se denominará face-work.

El término ethos hace su aparición en la lingüística a raíz de los trabajos de pragmática semántica de Ducrot (1984) y su Teoría Polifónica de la Enunciación. Al realizar la distinción entre locutor (L) y enunciador (E), se analiza el enunciado no ya a partir de lo que L dice de sí mismo, sino de lo que extrae según las modalidades del enunciado. Así aparece la noción de ethos en Ducrot unida al L.

La Teoría de la Argumentación de Ducrot & Anscombre (1988), y su interés por la eficacia del discurso, conduce a estos lingüistas a interesarse por la retórica. Sin embargo habrá que esperar los trabajos de Dominique Maingueneau para encontrar la noción de ethos como construcción de una imagen del Yo en el seno del discurso. E manifiesta una peculiar manera de concebir su enunciado, un modo de enunciación.

A lo largo de sus diversos trabajos (1976, 1984, 1993, 1998), Maingueneau desarrolla la noción de ethos en relación con la escena en la que se produce la enunciación. Cada tipo de discurso supone une distribución regulada de roles, pero L puede elegir dentro de estas posibilidades su escenografía.

De esta manera, Maingueneau retoma las nociones de Benveniste y de Ducrot: la manera de decir supone la construcción de la imagen del Yo, y puesto que el alocutario (A) debe extraer esta imagen a partir de los indicios discursivos, que le son ofrecidos en el enunciado por medio del acto de la enunciación, se establecerá entre L y A una necesaria interrelación. Por su parte, la Nouvelle Rhétorique (cf.

Perelman & Olbrechts-Tyteca 1970) retomará el análisis de L, como creador de una imagen propia frente a A adaptada a las creencias y valores de éste, lo cual supone plantearse previamente dichas creencias y valores, es decir representarse a A, en este sentido, Perelman habla del trabajo de construcción que L se hace de A. Por medio de un trabajo sobre la doxa, L intenta compartir sus puntos de vista con A, apoyándose en los topoi.

L se basa en la doxa para organizar su discurso, y modela su ethos con las representaciones colectivas que supone adecuadas para A. Aquí es donde interviene la noción de estereotipo que, por los motivos expuestos, desempeña un papel decisivo en la confección del ethos. En efecto, la idea previa que L se hace de A, así como la creación del ethos, no puede ser totalmente innovadora, porque sería desconocida e incomprendida.

Debe apoyarse en representaciones compartidas que remiten a modelos culturales familiares (cf.estereotipo, “ opération qui consiste à penser le réel à travers une représentation culturelle préexistante, un schème collectif figé. Un individu concret est ainsi perçu et évalué en fonction du modèle préconstruit que diffuse la communauté de la catégorie dans laquelle elle le range. ” (Amossy, 1999 : 135).

2 El poder de la palabra. Cómo el lenguaje encuadra la experiencia. El punto de vista de la psicolingüística.

Puesto que nuestro interés se centra en el modelo de auto-representación verbal, cómo L elige su manera de mostrarse ante A por medio del lenguaje, y partiendo de la consideración obvia que el idioma se hereda, tendremos en cuenta que las palabras tienen un poder por lo que evocan, “su historia forma parte de su significado (…) toda palabra es previa a sí misma (…) y en eso reside su poder.” (Grijelmo, 2000: 29) El lenguaje nos sirve como medio de representar o crear modelos de nuestra experiencia, como para comunicarnos acerca de los mismos.

Es decir que las palabras tienen el poder tanto de reflejar como de moldear las expresiones mentales. El concepto aristotélico de que las palabras simbolizan nuestra experiencia mental, es retomado por una vertiente de la psicología que empezó a gestarse en 1975, y que posteriormente se denominará PNL (Programación Neuro Lingüística).

Richard Bandler (informático y terapeuta gestáltico) y John Grinder (lingüista) se propusieron estudiar la eficacia de los psicoterapeutas más famosos del mundo es ese momento, considerados como “prototipos” del comportamiento de excelencia (Fritz Perls, terapeuta gestáltico, Milton Hyland Erickson, terapeuta hipnótico, y Virginia Satir, terapeuta familiar).

Richard Bandler y John Grinder decidieron analizar los comportamientos observables de dichos terapeutas, lo cual constituyó el punto de partida de la creación de modelos de comportamiento (modelling). Los estudios arrojaron luz acerca de la organización de la experiencia interna, y de cómo se hace visible para los demás. Un enfoque tan pragmático está influido por la lingüística, la psicología cognitiva, la neurología y la cibernética.

La PNL se aleja con ello de toda una serie de teorías explicativas del comportamiento humano aportando puntos de vista diferentes e innovadores sobre la comunicación humana. A este respecto se puede relacionar con enfoques como la Pragmática de la Comunicación de la Escuela de Palo Alto (cf.Paul Watzlawick).

Toda una serie de cuestiones surgen entonces alrededor de este análisis del comportamiento del ser humano: la representación que cada individuo tiene de la realidad, es, en efecto, una representación y no la realidad misma. Tal es la aportación de la Semántica General de Korzybski (1921, 1948). Las diferencias se basan en limitaciones neurológicas, sociogenéticas y personales, que analizaremos sucintamente.

El universo físico nos lo representamos a través de nuestros sentidos (vista, oído, tacto, gusto, olfato), siendo el resultado de estructuras propias de nuestro cerebro y del sistema nervioso, que están determinadas genéticamente. Las categorías de pensamiento y percepción que modelan nuestra percepción del mundo por pertenecer a una comunidad cultural son las que quedan englobadas en la segunda categoría, que nos interesa particularmente en tanto que se refieren en una gran medida a la lengua.

Cada estructura lingüística ordena de una cierta manera nuestra percepción del mundo, es decir que la lectura que hacemos del mundo está condicionada por nuestra estructura lingüística.