CORTESIA VS DESCORTESIA: UN MODELO LITERARIO In Quaderns de Filologia. Estudis Literaris VI . (C.Gregori, et al. eds.) Facultat de Filologia. Universitat de València. 2001. pp.245-243. ISBN: 84-370-5143-6. ISSN: 1135-4178. A.Emma SOPEÑA BALORDI A David y su aprendizaje de la cort
Articulo
CORTESIA VS DESCORTESIA: UN MODELO LITERARIO
In Quaderns de Filologia. Estudis Literaris VI . (C.Gregori, et al. eds.) Facultat de Filologia. Universitat de València. 2001. pp.245-243. ISBN: 84-370-5143-6. ISSN: 1135-4178.
A.Emma SOPEÑA BALORDI
A David
y su aprendizaje de la cortesía
0 – Introducción: concepto de cortesía verbal.
Según la etimología del término, el origen de la cortesía debemos descubrirlo en la vida de la corte. ("cortesía" de "cortés", "corte", del latín, "cors", "cortis", "cohors", "cohortis", cohorte). En las culturas occidentales, a fines de la Edad Media los cortesanos empezaron a distinguirse del pueblo llano creando un sistema de modales que sirvió de pauta social distintiva en las formas de comportamiento público y privado.
En francés utilizamos el término "politesse", que etimológicamente hace referencia a "pulir", redondear ángulos, los engranajes de la conversación cotidiana, con el fin de evitar roces entre los interlocutores. La descortesía tiene un poder destructor tan poderoso que resultaría imposible vivir en una sociedad sin modales. El respeto de las reglas de la cortesía deriva más de un principio de racionalidad que de una ética altruista.
Cuando obervamos un intercambio lingüístico podemos apreciar dos tipos de actitudes: o el predominio del yo o la consideración hacia el alocutario. Bally ya hablaba de este fenómeno cuando explicaba (1951) que los dos polos entre los que oscila la expresión hablada son la predominancia del yo o la de los sujetos extraños al yo.
Pero la deferencia hacia el interlocutor puede ser auténtica, es decir nacer de impulsos desinteresados, o bien puede perseguir el propio interés del hablante aunque aparentemente persiga el del alocutario. La más inofensiva conversación delata huellas inconfundibles de un "enfrentamiento" de los interlocutores, porque de una manera u otra están poniendo en juego el instinto de conservación.
Entenderemos la cortesía como un conjunto de normas sociales, establecidas por cada sociedad, que regulan el comportamiento de sus miembros adecuado a cada circunstancia. Así pues, lo que se ajusta a las normas es considerado cortés, en tanto que lo que no se ajusta es sancionado como descortés.
La cortesía verbal debe ser entendida en un sentido amplio, en tanto que el término recubre un campo semántico extenso desde las normas lingüísticas más elementales de urbanidad hasta lo que se viene en llamar deferencia, tipo particular de cortesía cuya característica esencial es la de reflejar la jerarquía de los participantes, y manifestar una subordinación simbólica.
La deferencia y la cortesía no utilizan sin embargo los mismos recursos lingüísticos puesto que los de la cortesía son más diversificados (e.g.utilización de la formulación indirecta), en tanto que los de la deferencia están más codificados, más gramaticalizados, aunque evidentemente podemos encontrar formas no gramaticalizadas de deferencia y formas gramaticalizadas de cortesía (las consabidas fórmulas de cortesía ).
Asimismo un enunciado oscila entre ser cortés – neutro – descortés; en cortesía existe la gradualidad, se debe partir de una concepción escalar de la cortesía, "There is some kind of a continuum of politeness rather than politeness being a dichotomous notion". (Fraser & Nolen 1981: 97).
Como lingüistas, disociaremos los comportamientos lingüísticos de las restantes formas de comportamiento humano, por lo que no retendremos en nuestro estudio más que lo que se ha venido en llamar la cortesía verbal o lingüística, es decir la que se inscribe en las producciones discursivas.
Partiendo de la consideración de que la comunicación verbal es una actitud intencional de un locutor (L) dirigida a lograr un determinado objetivo en relación con un alocutario (A), convendremos en que un uso adecuado del lenguaje constituirá un elemento determinante para el éxito del objetivo perseguido.
Dicha adecuación se refiere no solamente a las intenciones de L sino a la categoría y al papel social de A, por lo que aquél deberá utilizar convenientemente los recursos lingüísticos con el fin de mantener una relación cordial, y muy especialmente cuando exista un conflicto entre los objetivos de L – A. "Politeness can be defined as a means of minimizing the risk of confrontation in discourse (…); politeness strategies are designed specifically for the facilitation of interaction." (Lakoff 1989: 102).
La cortesía tiene como función por lo tanto "to maintain the social equilibrium and the friendly relations which enable us to assume that our interlocutors are being cooperative in the first place." (Leech 1983: 131).
Se analizarán como elementos de cortesía verbal aspectos regidos por ciertas reglas (no siempre ritualizadas o estereotipadas) que intervienen en las relaciones interpersonales, y que tienen como función la preservación del carácter armonioso y cordial de dicha relación, y la neutralización de conflictos potenciales. Brown y Levinson parten de la idea de que toda sociedad tiene que controlar la agresividad de sus miembros, y contrarrestarla para que existan una relaciones sociales adecuadas.
Pero la comunicación busca la máxima eficacia, y está sujeta al Principio de Cooperación de Grice; un locutor se aparta de este principio cuando tiene una razón de peso para hacerlo: la cortesía – la necesidad de mantener las relaciones sociales adecuadas – puede ser una de estas razones. En este sentido, "la cortesía puede entenderse también como un conjunto de estrategias conversacionales destinadas a evitar o mitigar dichos conflictos." (Escandell, 1996: 139).
La cortesía, como estrategia, depende de los supuestos previos que L ha adquirido acerca del comportamiento socialmente adecuado. Por lo tanto, el efecto cortés depende de normas culturales específicas y de su adecuación a ellas. L puede decidir si un enunciado es cortés o descortés si ha aprendido qué es cortés o descortés en su cultura; se trata por lo tanto de conocimientos de naturaleza cultural.
Los miembros de culturas diferentes desarrollarán, en consecuencia, representaciones diferentes, que determinarán tanto la interpretación de los mensajes como su propio comportamiento.
Este conjunto de conocimientos lingüísticos adquiridos es lo que se denomina cortesía social, y comprende expresiones convencionales o ritualizadas, así como parámetros como la identidad social de A, la función social, etc., conocimientos que deberán tenerse en cuenta en el momento de construir el enunciado, por lo que "comportarse cortésmente no es una capacidad natural, sino una destreza que se logra como parte del proceso de socialización (…) La cortesía es, sobre todo, una cuestión de adecuación social: ser cortés es comportarse de acuerdo con ciertas normas culturales.
Un comportamiento correcto es consecuencia del dominio de los principios básicos y los parámetros de categorización social que operan en una cultura." (Escandell 1998: 19-20). La cortesía es una forma de adecuación, de seguimiento de las convenciones establecidas, por lo que el enunciado ajustado a ellas se presenta como no-marcado; es precisamente el que se desvía de ellas el que capta la atención por su "anormalidad".
Si esta desviación se produce entre miembros de una misma cultura, la ruptura de las reglas se percibe como falta de educación (tanto si la desviación es intencional como si no lo es), en tanto que si se trata de una comunicación entre miembros de culturas diferentes, se aprecia en términos de estereotipos culturales.
Las sociedades clasifican a sus miembros en estamentos, y la clasificación que recibe un miembro depende de dos tipos de rasgos: sus propiedades macrosociales (características: edad, sexo, posición familiar, etc., y propiedades adquiridas: rango, título, posición social, etc.), y su actuación individual.
A partir de esta clasificación, cada cual debe tratar a los demás de acuerdo con la posición que ocupa dentro de la escala social, y esta situación no puede cambiarse mientras no se den las condiciones necesarias, por lo que toda modificación no justificada acarrea inmediatas consecuencias sociales.
Así pues, la cortesía ha sido estudiada como un tipo de conocimiento adquirido tanto de las fórmulas convencionales y ritualizadas usadas en las interacciones sociales, como de los parámetros necesarios para realizar y evaluar correctamente los intercambios sociales. La categorización social de A (categorías adquiridas como las que se asignan en virtud de la profesión, la función social, etc.) y sus propiedades inherentes son factores que determinan el uso lingüístico y que están sujetos a variaciones culturales.
Cada cultura tendrá por lo tanto sus propias conceptualizaciones acerca de las situaciones y de las relaciones personales.
I – La cortesía verbal como teoría lingüística.
La teoría de la cortesía lingüística pretende ser una aproximación interactiva y social al lenguaje. Como teoría lingüística, la cortesía fue presentada por vez primera en 1978 por Penelope Brown y Steven Levinson en su artículo titulado "Politeness: Some Universals of Language Use". Este trabajo fue reeditado como libro en 1987.
Pero los primeros indicios de la necesidad de desarrollar esta teoría aparecen en 1969 cuando Grice admite la existencia de otros principios conversacionales relacionados con la cortesía, y cuando Searle (1972) afirma que el principal motivo por el que un hablante es indirecto al hablar es el de ser cortés. A partir de ahí surgen modelos teóricos como el de Lakoff (1973), Fraser y Nolen (1981) y Leech (1983). Se podrían esquematizar las aproximaciones teóricas a la cortesía lingüística de la siguiente manera:
A- las teorías que toman como punto de partida el Principio de Cooperación de Grice (1975): Lakoff (1973, 1989), Leech (1983)
B- el modelo de cortesía lingüística de Brown y Levinson (1978, 1987)
C- el estudio de la cortesía de Fraser y Nolen (1981)
D- la relación entre cortesía y relevancia (Sperber & Wilson 1986)
A- Partiendo del Principio de Cooperación de Grice (1967, 1975)
Según Grice existen, además de las cuatro máximas que forman el Principio de Cooperación (cantidad, calidad, relación, modo), otras máximas como la de ser cortés que son utilizadas en los intercambios lingüísticos.
R.T.Lakoff (1973) adoptó las Máximas Conversacionales de Grice para analizar la cortesía lingüística, y propuso dos reglas básicas que pretenden conseguir que A se sienta bien: ser claro – que se refiere al principio de cooperación -, y ser cortés – que se refiere a la relación social entre los interlocutores, entendiendo la cortesía como medio empleado para evitar la ofensa o el conflicto entre los mismos.
Leech (1983) parte igualmente del Principio de Cooperación de Grice; el Principio de Cortesía que propone tiene dos formas: en su forma negativa se orienta a minimizar la expresión de comportamientos descorteses, y en su forma positiva a maximizar la expresión de comportamientos corteses. Este principio mantiene el equilibrio social y las relaciones amistosas que permiten que los hablantes asuman que sus interlocutores son cooperativos.
Según la situación, se impondrá el Principio de Cooperación o el Principio de Cortesía (e.g. en situaciones de emergencia prevalece ser claro y conciso). Este Principio de Cortesía consta de unas Máximas (Leech 1983) – cada una de ellas con una doble vertiente positiva / negativa – (tacto, generosidad, aprobación, modestia, acuerdo, simpatía).
La cortesía negativa minimiza la descortesía de las ilocuciones descorteses, y resulta imprescindible para mantener las buenas relaciones; su principio es molestar lo menos posible, y suavizar al máximo los ACIs (Actos contra la Imagen, v.infra) que no haya más remedio que realizar; se refiere a las máximas I y II. La cortesía positiva maximiza la cortesía de las ilocuciones corteses, y es secundaria; su principio es producir el mayor número de anti-ACIs (cumplidos, etc.); se refiere a la máxima III.
Leech distingue igualmente entre cortesía absoluta, inherente al contenido proposicional del acto de habla, y cortesía relativa al contexto o situación en el que se sitúa el acto de habla. De esta manera, Leech clasifica los actos inherentemente descorteses (e.g. órdenes) y los inherentemente corteses (e.g. ofrecimientos). Por lo cual, según su fuerza ilocutiva, un enunciado requerirá diferentes clases y grados de cortesía.
Y mantiene que existen cuatro intenciones ilocutivas principales en su relación con la cortesía:
