Lo evidencian algunos discursos parlamentarios, las redes sociales y ciertas emisoras de radio. En los bares y restaurantes no, porque no se puede. El caso es masticar la carroña política para alimentar a los buitres franciscanos, esas alimañas, parlamentarias o no, que, en nombre de la patria y el oscurantismo de sus bolsillos, ni siquiera respetan la angustia de sus semejantes.
Estamos viviendo unos momentos de auténtica tragedia, en la que el triunfo del dolor es aprovechado para medrar. Sin rubor ni piedad; a mordiscos y zarpazos, no sea del demonio que el Gobierno de la nación pueda levantar la cabeza. Si preciso fuese, haciendo sangrar la bandera para aventar los nobles pensamientos de quienes se esfuerzan, sufren e incluso son víctimas de la penuria. De los que, por dignidad y vergüenza, se solidarizan con sus semejantes.
¿No podéis esperar a que con el esfuerzo de todos podamos vencer al virus? No, porque es conveniente aprovechar el desconcierto, los temores y la zozobra para que el pueblo, totalmente desorientado, maldiga a los gobernantes. Será entonces cuando, los de siempre, se hagan con el poder; lo que más les interesa, muy por encima de los derechos de los vivos y la memoria de los muertos.
Si es sencillo. Cuando todo haya pasado, a criticar y a rendir cuentas; pero no ahora que deberíamos, ¡todos unidos!, apoyar al gobierno que después censuraremos. ¡Ah!, pero es que “después” puede que ya sea tarde, que el “enemigo” haya podido levantar la cabeza. Sin embargo, miles de personas lloran la fuga inesperada de sus seres queridos. ¿Es justo hacer sufrir aún más a la ciudadanía para aprovecharse de su dolor?
España, ¡qué difícil es que algún día puedas levantar la cabeza! Al menos, mientras los buitres franciscanos estén entre nosotros; y no me refiero a la orden franciscana, que respeto, sino a la canalla que se ha instalado en las células vivas de un pueblo maltratado por los de siempre.
