A LA MEMORIA DE RONY

Hace un año que Rony fue asesinado en Honduras, su país natal, donde defendía a los pobres y se preocupaba por el avance cultural y humano de su pueblo. Pese a que la policía sabe quién fue el asesino, éste anda suelto, con la impunidad que los Estados corruptos conceden a la delincuencia cuando los actos ilícitos y los crímenes -por horrendos que sean- no afectan al poder. ¿Para qué preocuparse por la suerte de un paria y más estando en paro? ¿Gastar dinero y energías en la persecución de un criminal, que tal vez sea un sicario al servicio del gamonalismo, como se define en Hispanoamérica a la organización caciquil? Sin embargo, en nombre del orden y la Justicia, se ejecuta a muchos inocentes por defender la igualdad. Incluso por la espalda, como le sucedió a monseñor Romero, será abatido a tiros quien ose enfrentarse a las mafias protegidas por la perversión gubernamental. De este modo se procede en Honduras.

Rony ya no es él, sino sólo una sombra. Una sombra más, de las muchas que habitan las palaciegas estancias donde el brillo aurífero silencia el auténtico mensaje evangélico. Allí está él, esperando de la Resurrección un canto a la vida, mientras la Muerte perdona una vez más a los asesinos.

En memoria de Rony, y, por si de aquellas cosas la vida “post mortem” fuese una realidad (Rony nunca maldecía), oculto en el más inaccesible rincón de mi memoria cualquier execración que se me ocurra, limitándome a decir: Amigo, descansa en paz.

Augustus.