Por edificios, cada vez es más difícil ver los cerros

Quien haga el septimazo para ver la imponencia de los cerros orientales terminará serpenteando por la avenida Circunvalar, la carrera 5a. o la 3a. para encontrar espacios que, en lugar de edificios, dejen ver los árboles. Al final, habrá que conformarse con verlos desde lejos, por la carrera 30 u otro corredor.

La construcción ha crecido tanto, que los edificios forman muros infranqueables que les impiden a los peatones y conductores ver el cordón montañoso que abraza a la ciudad. No se trata solo de los 64 barrios que existen en zonas de reserva, sino de las 23 moles de más de 15 pisos que ahí se elevan con pretensiones de acariciar el cielo.

EL TIEMPO recorrió la ciudad y habló con expertos, para descubrir los puntos en los que el verde es reemplazado por el naranja de los ladrillos (vea las fotos) y buscarle caminos a la necesaria densificación de la ciudad, al tiempo que se cuidan los cerros como patrimonio.

Para Gerardo Ardila, secretario de Planeación, “los cerros son parte de nuestra identidad y relación con el territorio”. Este no es solo un capricho estético, “es un tema de competitividad, lo que también se mide según la calidad paisajística”, dice Diana Wiesner, directora de la fundación Cerros de Bogotá.

Según cifras de la Secretaría Distrital de Planeación, hay 468 licencias de construcción vigentes por encima de la carrera 7a, para las cuales se emplearán casi 103 hectáreas de suelo. También hay 95 edificios ya construidos de entre 10 y 14 pisos.

Con los cambios al Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que la Alcaldía radicará el 3 de mayo en el Concejo, se espera restringir la altura en ese sector. Así, no podrían hacerse edificios de más de seis pisos, o con un índice de ocupación inferior a 150 metros cuadrados por cada lote de 1.000 metros cuadrados, en el primer piso.

Camilo Santamaría, urbanista que lideró proyectos como la planeación del barrio El Salitre, considera que se deben generar regulaciones claras, “si no, se hacen construcciones ilegales, como sucede en los extremos norte y sur de los cerros”.

La propuesta urbanística

Basta echar un vistazo en Google Maps para ver cómo las viviendas, irregulares o no, reptan casi hasta la mitad de la sierra. Hay sectores críticos entre las calles 172 y la 193, entre la 160 y la 163, entre la 112 y la 108, donde están los edificios con mayor altura, pero también está el tramo sur de los cerros que está cubierto de canteras y pequeñas casas.

Según la investigación del biólogo Germán Camargo para la fundación Cerros de Bogotá, la urbanización empezó en 1855 en barrios como Las Aguas y Egipto. Usaquén y Chapinero eran enormes canteras y los obreros se fueron a vivir cerca de ellas. Con los años, se construyeron los edificios que hoy duermen en los cerros.

Hoy, ante la falta de suelos, a Bogotá solo le resta crecer hacia arriba. “No se trata de negarse a la construcción en altura. Deben explorarse alternativas para aislar los edificios entre sí y generar espacios visuales hacia la montaña”, explicó Wiesner.

El proyecto del Distrito para modificar el POT contempla que las nuevas urbanizaciones esculpan un paisaje que gire en torno del espacio público y generen esas ‘ventanas’ hacia los cerros.

“Los edificios podrán ser tan altos como los constructores quieran, pero la limitación está en que, entre más pisos, más terreno para espacio público deberán ceder y ahí está el límite”, explicó el Secretario de Planeación.

NATALIA GÓMEZ CARVAJAL
Redactora de EL TIEMPO