Olivares picuales, impregnados de esperanza
olivares infinitos de vaguadas y montes
olivares marcados por vientos de lontananza
olivares engallados en suaves horizontes,
que se extienden desde Alcaudete hasta Hinojares
desde Montejicar a las cercanías de Arquillos,
acebuches sinuosos, por cientos, por millares;
centenarios, toscos y retorcidos manzanillos,
que delimitan hileras paralelas de verdor,
ringleras que se prolongan hasta acariciar el sol
ardiente, que abrasa estas parcelas de intenso color.
dorados, aúreos, cetrinos vehementes de fervor,
reflejan siempre la perspicuidad y el fulgor del sol,
expandiendo su organoléptico e inconfundible olor.